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De la pedagogía medioambiental infantil y el Club Aventurer@s

El club Aventurer@s visita Cal Tet

Todo buen sueño desea materializarse; el sueño solidario, el sueño democrático, el sueño medioambiental… Poco a poco, a fuerza de voluntad, arduo trabajo y resistencia al fracaso, una parte cada vez mayor de estos sueños se va filtrando hacia la vigilia. Eso sí; “despaaacio”, ¡oh, cuan “despaaacio”!

Las ONG siempre hemos vivido luchando por conseguir materializar los sueños, por mantenerlos, madurarlos y no tirar la toalla cuando perdemos. Por ello es lógico que las ONG busquemos llegar a los más pequeños y así concienciar al mundo desde su base, el punto donde deben empezar a materializarse los sueños. ¿Comida de coco? Pues sí; se trata – o debería tratarse – de una honesta comida de coco, sin fundamentalismos y transmitiendo ideas tan eficaces como sostenibles en el mundo real; ese patrimonio que heredarán nuestr@s hij@s y donde, no lo olvidemos, ya viven ahora.

El Grupo Local de la delegación de SEO/BirdLife en Catalunya se ha comprometido a apoyar con su trabajo las actividades del Club Aventurer@s y en este artículo, dirigido a padres y madres, os queremos explicar nuestras ideas y sentimientos, lo que nos mueve y su porqué.

dado cuenta de que l@s niñ@s, salvo contadas excepciones, nacen con una inclinación al egocentrismo. Filosóficamente se diría que los seres dotados de consciencia y curiosidad encontrarán bien pronto en sí mismos un poderoso objeto de apego. Pero si no los educamos en el imprescindible arte de respetar, compartir, empatizar y diferir la satisfacción – o si fracasamos en esa misión – lo que se termina obteniendo es una versión, más dura o más solapada, del/la psicópata para el/la cual el prójimo es un obstáculo a apartar o un recurso apto para la explotación. ¡Vaya si les comemos el coco a l@s niñ@s con el rollo de respetar, compartir, empatizar y diferir la satisfacción! ¡Cómo se resisten algun@s a esas presiones! Ese es, qué duda cabe, uno de los principales retos de la educación, un proceso de capital importancia para la correcta formación de las personas y para el mantenimiento de una sociedad que evolucione hacia ese concepto de Humanidad que se enunció hace siglos pero cuyo advenimiento apenas estamos empezando a esbozar. Tod@s entendemos que la vertiente de la educación que busca formar buenas personas es prioritaria, pero secularmente se ha cometido en ella un notorio error de omisión; se excluyó al mundo que nos sustenta de esos valores tan necesarios que he citado; respetar, compartir, empatizar y diferir la satisfacción. Consecuentemente, cuando la persona llega a los catorce años – o incluso antes – entiende que la naturaleza es una cosa accesoria, ajena, ornamental e incluso un poco “chorra”. No es que de pequeñ@ no le “molase”, pero viendo la actitud de los adultos (aprendemos por imitación, ya sabéis) llegó a la conclusión de que no tenía mayor importancia y más valía – por ejemplo – ser sexualmente apetecible. Y cuanto antes, mejor. Incluso l@s hij@s de padres y madres amantes de la naturaleza corren el riesgo de terminar opinando, en vista de las pocas madres y padres que presentan ese rasgo, que sus progenitores están un tanto “pa´lla” y que harán bien en no contagiarse de sus pasiones.Ya os habréis dado cuenta de que l@s niñ@s, salvo contadas excepciones, nacen con una inclinación natural hacia la naturaleza ¿Qué puede ser más lógico? Filosóficamente se diría que los seres naturales dotados de consciencia y curiosidad encontrarán en la naturaleza, de la cual son producto, un primario objeto de interés. Sin embargo, a los catorce años son muy pocas las personas que siguen fascinadas por este tema. Para ser cabales deberemos preguntarnos si semejante cambio es parte del proceso natural de crecimiento o bien se trata de una actitud inducida. Esa es una buena pregunta ¿no os parece? A ver si atacándola desde otro ángulo la aclaramos un poco; supongo que también os habréis

Con estas reflexiones, que admito personales y discutibles, pretendo dar a entender que el abandono de la fascinación que nuestr@s hij@s sienten de pequeñ@s por la naturaleza es una actitud aprendida, una adaptación a un mundo adulto que ve con simpatía la naturaleza pero que no hace extensiva a ella sus mejores valores porque todavía no comprende hasta qué punto dependemos física y psicológicamente de nuestro planeta. Algun@ dirá, “lo de física, vale, por el oxígeno y la comida, pero ¿psicológicamente?” Bueno, que yo sepa – siempre con las excepciones de rigor – cuando nos queremos relajar, cuando buscamos sosiego e incluso cuando pretendemos reencontrarnos con nostr@s mism@s, no acudimos a una discoteca, unos grandes almacenes, la oficina donde trabajamos o al estadio de futbol. En esas ocasiones casi siempre nos arrimamos, en mayor o menor grado, a la naturaleza; el pueblo de unos parientes, un balneario en los Pirineos, un albergue rural… Lo hacemos un poco “de lejos”, sin renunciar a las comodidades de la civilización pero eso refuerza mi argumento; parece que basta la sola visión de un paisaje abierto o un horizonte con escaso cemento para que nuestro espíritu halle cierto reposo. Nadie va a negar que dar un paseo por la orilla del mar en una playa escasamente frecuentada es una experiencia de lo más serenadora, aun si está nublado. El tema da mucho de sí pero espero que estas líneas sean demostración suficiente (aunque no completa) de que necesitamos a nuestro planeta incluso a nivel psicológico.
¿Porqué los adultos, aunque reconocen – en general – la importancia de la naturaleza, a menudo no logran transmitírsela a sus hij@s? En mi opinión, lo que pasa con frecuencia es que en realidad carecen de un nexo afectivo con el medio natural; su actitud es más intelectual que emotiva y las criaturas rara vez se apegan a algo por obra del mero raciocinio, pues es un hecho que las personas estamos más motivadas por afectos que por ideas. Y aquí no se trata de apegarl@s si no de evitar que se desapeguen, lograr que no pierdan esa conexión natural que tantos adultos perdieron al ser educados por adultos que… En fin; un pez que se muerde la cola.
El/la lector/a atent@ habrá captado (quizás con lógico desagrado) como, en el párrafo anterior me refería a “ellos, los adultos” y no a “nosotros, los adultos”. Perdonad; al redactar esas líneas se me presentó la disyuntiva de ser mentiroso pero amable, actitud que pasaría convenientemente desapercibida, o desmarcarme de “los adultos” como si yo no tuviese cuarenta y siete añitos. La explicación que os debo es que – como podéis deducir, quizás por evidencias en carne propia – no todos los adultos perdimos el contacto emocional con la naturaleza; en algunos ese vínculo era – sencillamente – demasiado fuerte y en otros la educación familiar triunfó sobre la indiferencia al respecto que aun ahora emana del entorno social. Y aquí estamos l@s del Grupo Local de SEO/BirdLife Catalunya y l@s de muchas otras ONGs, ofreciendo contagiar ese nexo emocional y dispuest@s a transmitiros mediante él los conocimientos que a sus expensas adquirimos.
Creo que los padres y madres que os acercáis a las actividades que organizamos para el Club Aventurer@s sabéis que la naturaleza es importante. Y seguro que algun@s, como nosotr@s, además de saberlo lo sentís. Pienso que, de manera más o menos consciente, habéis visto la oportunidad de ser ayudad@s en el propósito de procurar que vuestr@s hij@s no pierdan su inclinación por la naturaleza. Y a fecha de hoy, habrá que admitir que pocas fascinaciones resultan más sanas; L@s niñ@s que se aficionan a salir al monte para disfrutar y conocer la naturaleza, hallarán menos seductores muchos de los hábitos perniciosos que tan en boga están hoy en día; encerrarse en Internet, la adicción televisiva, el botellón, la delincuencia en pandilla… Que voy a explicarle a un padre o madre que no le haya preocupado a este respecto… Al establecer un vínculo emocional con la naturaleza recibimos amplificados los beneficios de serenidad y bienestar que la inmersión en el medio natural nos proporciona. Además, se estimula el intelecto porque el ser humano desea comprender lo que ama y tiende a amarlo más cuanto más lo comprende, generándose así un bucle positivo que se retroalimenta y aporta felicidad y equilibrio a la existencia. ¡Ojo! El Club Aventurer@s no hace maravillas; tiene pocos medios, depende bastante del voluntariado y no puede competir, en espectacularidad y difusión, con los grandes parques temáticos o el Barça, por ejemplo. Obramos a pequeña escala y no portamos olímpicas antorchas; nuestra vocación es la de la mano que protege la llamita y la alimenta para que crezca. Creo que eso lo habéis entendido y nuestro  agradecimiento se expresa, al menos parcialmente, en estas largas explicaciones que pensamos merecéis. ¿Esto es propaganda? Evidentemente. Pero esperamos que sea propaganda de la buena.
Gracias por acudir a nuestras actividades; nos vemos bajo el cielo y tras los binoculares.

Salva Solé, Grup Local SEO/BirdLife Catalunya

Acerca de Salvador Solé (242 artículos)
Ornitólogo, fotógrafo, viajero y articulista. Socio de SEO/BirdLife desde 2002, colabora con el Grupo Local SEO Barcelona desde su fundación en 2010 y desde el mismo imparte cursos y charlas, también es guía de excursiones ornitológicas divulgativas.
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