Archibebe patigualdo chico: parejas turbo
Gamba groga petita - Tringa flavipes (Lesser Yellowlegs)
Astutamente habrás notado que se trata de una limícola. Pertenece a Scolopacidae, la principal familia del orden Charadriiformes. Scolopacidae abarca 97 especies repartidas en 15 géneros, siendo Tringa el más numeroso de ellos, con 13 especies. En Europa, el archibebe patigualdo chico es una rareza que nos llega regularmente cada año en pequeños números, bastante más vista en Galicia que en Catalunya pues, por aquí, hay años en que no se cita ningún ejemplar. La foto de cabecera la hice en diciembre del 2023 (el Matá, Aiguamolls de l’Empordà) y la de abajo en la Maresma, Remolar-Filipinas, Delta del Llobregat (abril 2025). En América es un ave común que, según la época del año, puede aparecer en cualquier tipo de humedal.
Cría en Alaska y el centro y oeste de Canadà, pero pasa el invierno desde casi el norte de California y el este de Virginia hasta Tierra del Fuego. Por eso, en sentido norte-sur, los reproductores más alejados se hallan a cosa de 2500 km mientras que a los invernantes más alejados los separan 11.600 km.
Sus ecosistemas de reproducción son los bosques abiertos boreales (taiga) y la adyacente tundra arbustiva. Es poco frecuente en la taiga espesa y la tundra pelada (hierba corta). Esta menos apegado al agua que su pariente, el archibebe patigualdo grande pero los ecosistemas citados, a causa de la fusión de la nieve, suelen ser entre moderadamente húmedos y francamente encharcados.
De punta de pico a punta de cola mide entre 23 y 25 cm y, como es habitual en los archibebes, machos y hembras presentan el mismo aspecto. O, dicho en jerga científica: carecen de dimorfismo sexual.
Se alimenta de invertebrados terrestres y acuáticos, con especial debilidad por las moscas y los pequeños escarabajos. En mucha menor medida pica semillas y peces chiquitines. A la hora de comer le da igual el tipo de agua: dulce, salada e hipersalina pero ha de ser somera; allí donde no le llega más arriba de media pata (73% de los casos). También puede buscar pitanza en terreno seco, o con el agua hasta el vientre, pero eso sucede mucho menos. Si no queda más remedio, puede nadar y pillar presas al estilo de los falaropos (escuraflascons). Hace las capturas en la superfiecie del agua, dentro de ella, en el lodo (a poca profundidad), en la vegetación baja, entre la hierba y sobre el suelo.
Un dato curioso: los adultos son capaces de bucear para escapar de los halcones.
Las parejas empiezan a formarse a los pocos días de llegar a las zonas de reproducción y aunque la mayoría se “casa” a mediados de mayo, los nidos de las parejas turbo aparecen ya a finales de abril. Ojo, no existe el término “parejas turbo”; es un adjetivo que le invento a las más madrugadoras y aceleradas.
El nido es una depresión en el musgo del suelo o entre la hierba de un montículo, normalmente al amparo de alguna rama caída, matorral o árbol pequeño. Típicamente tiene unos 10,5 cm de diámetro por 3,7 cm de profundidad. Es el macho quien hace el hueco acostandose y presionando con el pecho. Pero lleva a cabo bastantes intentos antes de decidirse por uno de los huecos conseguidos. Ya decididos por el socabón definitivo, ambos conyugues van forrando el interior con agujas de píceas, hojitas muertas, ramitas, líquen… El nido ha de estar a entre 30 y 200 m de la charca más cercana para evitar que, cuando se extienda a causa de las lluvias primaverales, el agua lo anegue. Una pareja reutilizó el mismo nido durante cuatro años seguidos, pero no es lo más habitual. La puesta típica es de cuatro huevos aunque, excepcionalmente, puede llegar a ser de cinco o seis. Ambos progenitores incuban. Los pollos necesitan unas cuantas horas de permanencia en el nido antes de empezar a caminar y a seguir a sus padres, que los irán alimentando. Y empollando para darles calor no solo por las noches si no también a ratos, durante el día, sobre todo si hace mal tiempo y baja la temperatura. La familia se hace itinerante siguiendo un cierto método: uno de los miembros de la pareja se sube a un árbol o matorral para asegurarse de que no rondan depredadores y llama a los polluelos para que vayan hacia él mientras el otro miembro de la pareja camina junto a ellos. Pasados unos días (de media, 11), cuando los polluelos ya son parcialmente autónomos y se alimentan por sí mismos, la hembra da por concluido su trabajo y la prole queda al cuidado del macho durante una media de 15 días más.
En el 2012 se estimó la población de esta especie en cosa de 400.000 ejemplares. Entre 1980 y 2011, en algunas de las rutas migratorias se constató un descenso de la población. Pero puesto que muchas otras rutas no pudieron ser censadas, quizás esa disminución solo indique cambios en el uso de las rutas. La UICN ha clasificado al archibebe patigualdo chico como “no amenazado” pero en EE.UU. y Canadá, debido a las disminuciones detectadas, lo consideran vulnerable.

