Caracara chimango: un halcón oportunista
Caracarà ximango - Daptrius chimango (Chimango Caracara)
Como quizás ya sabrás, las aves rapaces diurnas están divididas en dos grandes familias que, con orígenes distintos, han evolucionado adaptándose a similares modos de vida hasta parecerse tanto que durante mucho tiempo se consideraron la misma; Accipitridae y Falconidae. Nuestro protagonista de hoy, si bien parece un busardo esmirriado, en realidad es un halcón oportunista, especie común y hasta abundante en muchas regiones de Argentina y Uruguay así como del sur de Paraguay y de Brasil. Habita terrenos abiertos muy diversos desde campos agrícolas pasando por humedales y páramo arbustivo patagónico. Prospera especialmente en las periferias urbanas y en pueblos de pescadores, de cuyos descartes se harta.
Las poblaciones más sureñas son parcialmente migratorias, pero su patrón de desplazamiento no está demasiado claro y es un ave sedentaria u ocasionalmente nómada en el N.E. de Argentina.
De punta del pico a la punta de cola mide entre 32 cm – talla habitual del cernícalo vulgar – y 43 cm (40 cm es lo que miden los busardos ratoneros más pequeños). La hembra tiende a ser, en promedio, más grande y pesada que el macho pero eso no es dimorfismo sexual suficiente para distinguir a cada sexo en el campo.
Resulta más fácil hablar de lo que no come: mamíferos vivos de talla mediana, de conejos para arriba. Tampoco me consta que consuma hierba, flores y vegetales frescos aunque sí hongos, semillas de cereal, fruta podrida e incluso recupera restos vegetales en los excrementos de ganado. De las viandas que tiramos, o se nos caen, en el campo, pocas habrá a las que haga ascos, desde donuts a salami. Es un carroñero vocacional que también consume muchos bichos pequeños, desde insectos a roedores pasando por almejas, cangrejos, lombrices, ranas, pollos y huevos, incluidos los de tortuga. Gracias a tan amplia dieta, le resulta fácil medrar en numerosos enclaves. Es un ave pacienzuda y poco agresiva que sigue a rapaces de mayor alcurnia para roer las partes de sus presas que ellas se dejan. Yo lo recuerdo en uno de los miradores del glaciar Perito Moreno (Calafate, Patagonia Argentina) posado a mi lado esperando que sacase algo de comer (foto de abajo). En época reproductiva los insectos llegan a constituir el 96% de su menú durante un par de meses.
Cría en la primavera austral: de septiembre a diciembre. Puede formar colonias de hasta 70 nidos o anidar de forma aislada. Ambos sexos llevan a cabo todas las fases de la reproducción (excepto – obviamente – la puesta); construcción del nido, incubación, alimentación y defensa de los pollos. Suele preferir construir el nido en árboles a entre 3 y 28 m de altura, pero también en el suelo e incluso en el agua sobre capas robustas de vegetación flotante. Para montar el nido usa palitroques, lana y plumas, hierba e incluso trapos. Su puesta típica consta de 2 o 3 huevos y la incubación dura entre 26 y 32 días. Curiosamente, no se ha constatado que consiga criar al segundo intento cuando pierde la primera nidada: o acierta a la primera o luego – hasta donde se sabe – fracasa. No he encontrado datos sobre cuánto tardan en volar e independizarse los jóvenes. Curiosamente, el pato rinconero (Heteronetta atricapilla) puede parasitar los nidos de caracara chimango, poniendo un huevo en ellos. Sería un espectáculo surrealista ver a la rapaz alimentando a un pollo de la anátida…
Puesto que algo tan nocivo para la salud del medio ambiente como el urbanismo y la deforestación lo benefician, en un seguimiento de los últimos 35 años no se detectó descenso poblacional alguno y sí su presencia en lugares donde antes (por haber bosque) no se le veía. Divagante a las Islas Malvinas e introducido en la Isla de Pascua en algún momento entre 1910 y 1920. Obviamente, la UICN lo considera ”no amenazado”.

