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Picogordo vespertino: el sueño cumplido de Salva
Durbec vespertí - Hesperiphona vespertina (Evening Grosbeak)

Hasta finales del año pasado nuestro admirado picogordo (durbec comú) común tenía compañía en su género; el eufónico Coccothraustes. Pero la última revisión taxonómica (oct. 2025) lo dejo solo al pasar a algunos de sus parientes al género Hesperiphona, como en el caso del picogordo vespertino. Dentro de un par de lustros puede que vuelva a Coccothraustes porque la taxonomía se caracteriza, entre otras idiosincrasias, por sus frecuentes correcciones regresivas, imprescindibles si quieres seguir trabajando en ella sin que se descubran aves realmente nuevas, que ya no pasan de una o dos al año (el filón se agota). Sin embargo, hasta el fin de los tiempos puedes seguir reordenando las numerosas especies y subespecies existentes (11.167 hasta mediados del 2026), dividiéndolas y juntándolas según las mareas de opinión científica asociadas a la aplicación de nuevas metodologías. No es la primera vez – ni será la última – que gruño al respecto…

Cuando empecé a preparar el viaje ornitológico al N.E. de EE.UU. junto con mi colega Miquel, fliplé con este fringílido y soñé con hacerle las fotos que ilustran el articulillo: un sueño cumplido.

El picogordo vespertino es residente en el mitad sur de Canadá y un buen puñado de estados del norte y, sobre todo, del N.O. de EE.UU. También tiene zonas más al sur (hasta el centro de México) donde resulta escaso o escasísimo. En invierno irrumpe y se dispersa (más que migra) a buena parte del restante territorio de EE.UU. Esos desplazamientos, que llegan a ser de unos pocos miles de kilómetros, dependen de varios factores, en especial de la fructificación de semillas otoñales y su disponibilidad en invierno, así como de la frecuencia y potencia de las olas de frío. Habita diversos tipos de bosque e incluso se adapta localmente a los huertos frutales. En México alcanza los 3000 m.s.n.m. pero en EE.UU. no suele pasar de los 2.700 m. En invierno baja mucho de altitud y es todavía más flexible con el tipo de ecosistema pues, como en EE.UU. hay una pasión multitudinaria por colocar comederos para aves, puede sobrevivir de lujo en cualquier arboleda o masa de matorrales altos que se halle próxima a un suministro permamente de semillas.

De punta del pico a la punta de cola mide entre 16 y 18 cm, que es exactamente el mismo rango de medidas de nuestro picogordo común. Ilustro a la hembra adulta en la foto de cabecera y al macho adulto en la de abajo.

Con ese pico y la musculatura maxilar de su gran cabeza es evidente que está especializado en semillas que, por su tamaño, quedan fuera de la capacidad de abrirlas de otros parientes fringílidos. Ese poder es especialmente útil en invierno ya que amplía el rango de lo que puede comer en una época de bajas temperaturas y presunta escasez. La escasez es presunta porque el picogordo vespertino es usuario habitual de los generosos comederos de Canadá y EE.UU. Aún así, los ejemplares que habitan territorios despoblados deben buscarse la vida en los bosques nevados y, en cualquier parte, resistir las largas y gélidas noches de invierno. Por eso es una adaptación muy útil el ser capaz de partir grandes semillas (además de la medianas y las pequeñas). La lista de las que se le ha visto ingerir es interminable; hayuco, sauco, arce, manzano, cerezo, girasol… También conos de ciprés. No desdeña los brotes y las bayas (enebro, espino blanco, fresno…) y tampoco la savia. Por si fuese poco, siempre que puede complementa la dieta con invertebrados; pulgones, larvas diversas, orugas, escarabajos… Es tan adicto a la sal que los anilladores la emplean para atraerlo a sus redes. Y puede beber de la nieve.

En invierno se junta en bandadas compuestas por varias especies de aves pero, al aproximarse la primavera, se dispersa en grupos más pequeños y monoespecíficos (4 a 10 ejemplares) en los cuales se formarán las parejas. Y regresa al norte a entre mediados y finales de mayo para criar, empezando por la construcción del nido. Es importante que en la zona haya suficiente abundancia de gusanos de la yema del abeto, principal alimento que aportarán a los pollos. El nido lo construye la hembra (con escasa ayuda del macho) en árboles a entre 5 y 35 m de altura respecto al suelo, también en grandes arbustos, preferentemente cerca del tronco o en una rama no demasiado expuesta. La hembra recoge el 90% del material para el nido y ella es quien lo monta. Le da forma de platillo, un tanto precario, al estilo de las palomas, hecho de ramitas y raíces finas entrelazadas de forma holgada. Lo forra con hierba, raíces todavía más finas, agujas de conífera y líquenes. Curiosamente, aunque tiene una pinta más bien endeble, generalmente aguanta bien la lluvia, la nieve y el viento. Pocas veces se reutiliza el nido una segunda vez y no consta que ninguna pareja lo halla usado en tres ocasiones. La puesta típica es de 3 o 4 huevos. Solo la hembra incuba, pero el macho se encarga de alimentarla. Luego, la hembra trabajará más en dar de comer a los pollos que el macho, aunque este también colabora. Pasarán 13 o 14 días hasta que los pollos, ya crecidos empiecen a salir del nido. Cuando ya vuelen, seguirán asociados a los padres durante unos tres meses, hasta que empiecen a unirse a los bandos invernales. Son muy escasas las citas de segundas puestas.

Se ha documentado parasitismo de nidada a cargo del sospechoso habitual – el tordo cabecipardo – aunque parece que eso sucede de tarde en tarde.

La cantidad de picogordos vespertinos tiende a crecer y disminuir siguiendo los ciclos de abundancia de los gusanos de las píceas, que es el alimento clave para los pollos. La UICN lo considera ”vulnerable” porque hay un montón de factores que le perjudican. Los principales parecen ser cuatro: degradación/eliminación de los ecosistemas forestales aptos, colisiones contra ventanas, caza-trampeo y atropello; se contaron 2.000 ejemplares adultos muertos en un tramo de 16 km de autopista en la Columbia Británica (Canadá) y muchos más cadáveres poco más allá, fuera de la carretera. Pero todos los datos que encuentro, cuando están fechados, son sorprendentemente antiguos; no he dado con nada posterior a 1999, aunque estoy seguro de que hay un monitoreo al menos intermitente en muchos estados canadienses y estadounidenses; lo que debe pasar es que no se ha actualizado la información sobre esta especie en las fuentes a las que recurro.

Macho de Picogordo vespertino en Peshekee Grade (Estado de Michigan – EEUU 23-5-2022). Foto de Salva Solé.

eBird

Salvador Solé

Ornitólogo, fotógrafo, viajero y articulista. Socio de SEO/BirdLife desde 2002, colabora con el Grupo Local SEO Barcelona desde su fundación en 2010 y desde el mismo imparte cursos y charlas, también es guía de excursiones ornitológicas divulgativas.

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