Azor común: rapaz con pedigrí

Por mucho empeño que uno ponga, hay especies de las solo puedes obtener un buen retrato si pagas la estancia en un “hide” muy concreto. Puesto que todavía no lo he hecho, mis mejores fotos de azor, como veis, son bastante lamentables. Pero no podía dejar de escribir sobre esta rapaz tan relevante, residente en nuestros bosques y explorador de espacios abiertos, sobre todo durante el invierno. En el Delta del Llobregat no es raro verlo pasar como una exhalación, levantando de puro pánico a todas las aves, salvo quizás las más grandes, como garzas y ánsares. Solo si tienes una suerte loca (o vas cada semana allí, durante años) conseguirás asistir a una escena de caza protagonizada por este noble sujeto, capaz de matar desde un modesto estornino hasta un ánade azulón, pasando por perdices, cuervos, ardillas, conejos y liebres. Excepcionalmente, se le ha visto derribar a urogallos. Si puede escoger, prefiere centrarse en aves jóvenes de mediano tamaño, desde palomas torcaces a mirlos. No parece mostrar demasiada atención a grandes insectos, anfibios y murciélagos aunque en España la ingesta de reptiles es destacable. Por sus grandes dotes para la caza, hace dos mil años que se le emplea como ave de cetrería: con semejante pedigrí, se ríe del vulgo.

De punta de pico a punta de cola, con un máximo de 55 cm para los machos (a menudo más pequeños) y un máximo de 68 cm para las hembras – que pueden alcanzar hasta 125 cm de envergadura alar – esta es sin duda la rapaz forestal más grande de Europa. Con frecuencia resulta difícil distinguirla del gavilán común (Esparver) ya que las hembras más grandes de gavilán tienen el mismo tamaño que los machos más pequeños de azor y ambas especies presentan un aspecto muy similar, aunque la cabeza del azor es algo más larga y “aguileña” que la del gavilán y sus modos de vuelo típicos presentan algunas diferencias. Para identificarlas con certeza – sobre todo si la observación fue fugaz – hace falta mucha práctica.

Ambas se consideran rapaces forestales debido a dos factores; 1) siempre nidifica en bosques o arboledas y 2) son las únicas que cazan dentro de doseles arbóreos densos ya que sus alas son relativamente cortas, aptas para maniobrar en esos espacios llenos de ramas. No obstante es habitual verlos lejos del bosque, en especial, como he señalado antes, durante el invierno y, en el caso del gavilán, también durante las migraciones.

En el reciente atlas dels ocells nidifican de Catalunya (ICO, años 2015-2018) al azor se le estima una población de entre 850 y 1950  parejas. Esa amplitud en las cifras delata la dificultad para censar la especie: una especulación prudente daría, digamos, 1100 parejas. Aunque está muy extendida y hay pocas comarcas donde sea realmente rara, es un ave que se da en bajas o muy bajas densidades, por lo cual no resulta demasiado frecuente de ver. En compensación, siendo sedentaria, permite tener localizados los territorios de las parejas.

Su distribución mundial abarca los climas templados y frescos de Eurasia y Norteamérica y solo está ausente de la tundra. En África nada más aparece en el norte de Marruecos. Está ausente de la mayor parte de Kazajistán, Mongolia y China pero reside en Japón y es invernante en ambas Coreas y el SE de China. Su población más sureña está en el NO de México pero no se la encuentra en los estados del SE de EEUU (como Florida).

Aunque, en virtud de su enorme rango de distribución, se le considera no globalmente amenazado, sí que lo está a nivel local ya que la pérdida de hábitat, el envenenamiento, la disminución de la población de sus presas y las molestias en nidos tienen diversa relevancia según el lugar y/o la época.

Macho de azor común (Estepes de Lleida 16-2-2020). Foto de Salva Solé.

 

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