Mosquitero silbador: escaso pero no raro

Mosquiter xiulaire – Phylloscopus sibilatrix (Wood Warbler)

Hay que estar atent@ durante los pasos migratorios de primavera y otoño para detectar a este mosquitero, bastante escaso aunque no raro. Sin ir más lejos, entre la primavera del 2015 y la del 2022 lo he visto tres veces en el parque de Diagonal Mar (Barcelona ciudad) y una en el Parc de la Ciutadella.

La blancura de sus partes inferiores, el tono amarillo limón restringido a la ceja, la cara y la garganta – como muy abajo, hasta el pecho – y las partes superiores de un verde tan amarillento, lo delatan. 

Sus patas son más anaranjadas, por término medio, que las del mosquitero musical (Mosquiter de passa) y nunca negras. Los juveniles, que pasan en otoño, ya son prácticamente idénticos a los adultos (menos mal…).

            De punta de pico a punta de cola mide entre 11 y 13 cm y, al igual que el resto de mosquiteros, machos y hembras presentan el mismo aspecto.

Es posible que todavía críen unas pocas parejas en puntos remotos de los Pirineos de Huesca, más probablemente en la vertiente francesa. Pero en 2020 ya no se registraron reproductores en Asturias y es un ave que va desapareciendo de Reino Unido. En Irlanda casi está extinto. Es probable que el calentamiento global esté desplazando hacia el norte sus zonas de cría, tal como se ha constatado con varias especies de aves. No obstante, sigue siendo abundante en el centro y norte de Europa de manera que su estatus de conservación está clasificado “De preocupación menor”.

            Se reproduce en bosques caducifolios sombreados y húmedos a baja altitud, mostrando querencia por los hayedos, robledales, castañales y en menor medida, también en abetos, alisos, abedules… Necesita un dosel cerrado. Durante el invierno, en África, escoge selvas diversas pero también sus límites, así como sabanas boscosas. Ocasionalmente frecuenta manglares. En paso puede verse en grandes matorrales y árboles de todas las tallas ya que se torna menos estricto con la frondosidad del ecosistema.

            Siendo un insectívoro típico, se alimenta de presas tales como efímeras, caballitos del diablo, tijeretas, chinches, crisopas, hormigas, escarabajos, arañas y larvas diversas. Pero se ríe del fundamentalismo carnívoro porque equilibra su dieta con bayas y frutas; zarzamora, sauco, grosella, arándano, ciruela…

            Su área de distribución mundial se divide en dos, con una región de cría que, de oeste a este, abarca desde Reino Unido hasta la Rusia que queda al norte del NO de Kazajistán. De sur a norte lo encontramos desde la Francia meridional  hasta casi el norte de Finlandia. En invierno emigra a los países subsaharianos, en una amplia franja que va de Guinea a Kenia pero sin “bajar” de la mitad septentrional de la República Democrática del Congo.

Mosquitero silbador (Parque Diagonal Mar 21-5-2015). Foto de Salva Solé.

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Colirrojo diademado: picando aceitunas

El Paleártico Occidental es la gran región que incluye y excede Europa, pues abarca desde las Azores hasta Irán y desde Islandia hasta el centro de Siberia. En tan amplio territorio tenemos cuatro representantes del género Phoenicurus, es decir, cuatro especies de colirrojos. En “Conócelas” ya había mostrado tres de ellas y ahora, con esta, completo el álbum de familia.

El colirrojo diademado solo vive en tres países: Marruecos, Argelia y Túnez. En ellos tiene poblaciones sedentarias aunque una parte de la que reside más al este se desplaza en invierno hasta la esquina NO de Libia. Las demás, durante los meses fríos, colonizan temporalmente zonas al norte y al sur, aunque sin salirse de los citados países. No obstante, cada vez se observan más divagantes de esta especie en España.  Yo la vi en el Delta de l’Ebre en mayo del año 2015. Si no ha criado ya en la península ibérica, puede que lo haga en los próximos años. Esa es la tendencia con varias aves norteafricanas tales como el bulbul naranjero, el corredor sahariano, la collalba desértica…

El colirrojo diademado mide 12 cm de punta de pico a punta de cola. La hembra, tal como veis en la foto de cabecera, es como una hembra de colirrojo real (Cotxa cua-roja) pero oscurecida. El macho se luce en la foto de abajo.

Se le encuentra en terreno abierto montano, con rocas y árboles dispersos, pero también en distintos ecosistemas tales como bosques de cedros con claros, llanuras semi-áridas pobladas de argán e incluso, en el oeste de Marruecos, vegas litorales agrícolas, pues se adapta a diversos entornos.

A la hora de comer, siente debilidad por las hormigas pero también se despacha escarabajos, saltamontes y larvas diversas. Como curiosidad, de vez en cuando pica algo de materia vegetal, incluida la pulpa de aceituna. Supongo que de ese modo lo admiten en los bares ya que se puede pedir una tapita de olivas y reírse de aquellos parientes que harían el ridículo pidiendo polillas, arañas y otros bichos que, al menos en occidente, no se consideran (todavía) aperitivos.

Es una especie clasificada como no globalmente amenazada. En muchas zonas resulta casi abundante y fácil de ver ya que le gusta otear el paisaje desde la punta de un arbusto o árbol bajo.

Macho de Colirrojo diademado (Oued Massa – Marruecos 8-3-2022). Foto de Salva Solé.

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Aguilucho pálido: visitante nórdico

Como nidificante, es una de las aves más escasas de Catalunya (solo una o dos parejas), pero en invierno nos visitan ejemplares nacidos en el centro y norte de Europa. El ICO, en su Atlas d’ocells de Catalunya a l’hivern (2006 – 2009) estimaba entre 302 y 339 los individuos invernantes. Dudo que ese número haya aumentado en la última década, así que no te extrañe si te cuesta dar con uno.

El macho (foto de abajo) es bastante distintivo y – de entre los aguiluchos habituales en Catalunya – solo se asemeja al del cenizo (Esparver cendrós). Pero la hembra (foto de cabecera) es casi idéntica a la de su pariente. El joven es más fácil de confundir con una hembra de ambas especies que con el joven de cenizo. Por si la complicación supiese a poco, una de las rarezas regulares, citada cada año en Catalunya, es el aguilucho papialbo, cuyos jóvenes y hembras también se parecen un montón al pálido y al cenizo. ¡E incluso el macho! El género Circus plantea todo un reto. Menos mal que el aguilucho lagunero occidental (Arpella comú) va de otro palo…

Al aguilucho pálido le gustan las zonas llanas y abiertas lo cual incluye humedales, estepas, terreno agrícola, pastos e incluso tundra. Es el aguilucho que cría más al norte, adentrándose en Siberia. De punta de pico a punta de cola mide entre 42 y 50 cm. Y de punta a punta de ala, como mucho, llega a los 121 cm. Las hembras son más grandes y pesadas que los machos.

Se alimenta de vertebrados pequeños, mayormente roedores tales como ratones, topillos, ardillas terrestres, gazapos y lebratos. Pero también captura aves, siendo aficionado a los paseriformes aunque se le ha visto capturar anátidas y lagópodos. Completa el menú con huevos y pollos, invertebrados diversos, lagartos, ranas y – en invierno, si el hambre aprieta – carroña. Salvo por su aversión a los vegetales, se ríe de las limitaciones dietéticas. Como el resto de aguiluchos, caza volando a baja altura para sorprender alguna pieza sobre el terreno. No obstante, es capaz de captura pájaros en vuelo.

Curiosamente, aunque puede posarse en rocas, postes, arbustos y árboles, para dormir se queda en el suelo.

Desde zonas del centro de la península ibérica hasta Escocia, Irlanda, Dinamarca y la Polonia occidental encontramos poblaciones sedentarias. Pero en Escandinavia, toda Rusia y esquina NE de China es un ave estival que llega en primavera y se marcha en otoño. Como invernante está presente desde el sur de Marruecos hasta Japón, en un amplio frente de países de clima moderado y cálido que incluirían, por solo citar unos pocos, Portugal, Italia, Turquía, Israel, Omán, Irán, Nepal, SE de China y Corea del Sur.

Macho de aguilucho pálido en vuelo (Aiguamolls de l’Empordà 29-12-2019). Foto de Salva Solé.

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Alondra ricotí: reducto en el Valle del Ebro

Solo hay pocas especies de aves reproductoras en Catalunya más escasas que esta: el Chorlito carambolo (Corriol Pit-roig), el aguilucho pálido (Arpella pàl·lida), el Alcaudón chico (Trenca)… La Alondra ricotí contaba con entre 30 y 50 parejas en los años noventa, pero en el 2000 ya solo quedaban entre 10 y 15 y en el 2007 se dio por extinta hasta que en el 2015 recolonizó su tradicional zona de cría. Desde entonces – gracias a la aplicación de medidas de protección en la Timoneda d’Alfés parece estable, con entre 7 y 9 parejas. La población más cercana a ésta se halla 50 km al oeste, ya en Aragón.
Para toda la península ibérica se le calculan entre 1400 y 1500 parejas o entre 3.700 y 4.000 machos, depende de cómo lo quieras contar. No cría en Portugal ni en las islas Baleares. El 92% de sus efectivos españoles se concentran en el Sistema ibérico – Valle del Ebro. Por desgracia, presenta una tendencia regresiva del 4% anual así que está en grave peligro de extinción: si no se hace nada, de aquí en diez años se habrá perdido el 40% de su población.

Recientemente, SEO/BirdLife compró terrenos para ampliar su área de protección junto al Planerón, así que ¡algo se hace! Pero, fuera de reductos como ese, debido a que depende de estepas llanas con menos del 15% de pendiente, vegetación arbustiva que no sobrepase los 40 cm de altura y que cubra buena parte del suelo, se las ve y se las desea para sobrevivir ya que dicho ecosistema no solo es escaso si no también muy fácil de destruir urbanizándolo, sembrándolo o machacándolo con infraestructuras diversas (autopistas, aeródromos, polígonos industriales…) En consecuencia, el estatus de conservación de la alondra ricotí es “Vulnerable”.

De punta de pico a punta de cola mide entre 17 y 18 cm. Como tantos otros aláudidos, carece de dimorfismo sexual e incluso cuesta distinguir a los jóvenes de los adultos. Es un ave muy terrestre que se desplaza casi siempre correteando por entre las matas y se ríe de ti cuando juegas con ella al escondite (paras tú, claro). Su canto es distintivo y supone la mejor ayuda para intentar verla. Al menos, en época de reproducción, entre febrero y marzo, sube al ápice de los matorrales para cantar. También canta en vuelo de cortejo manteniéndose a entre 100 y 150 m de altura durante hasta 30 minutos. De repente se deja de caer y desaparece en la vegetación.

Se alimenta de insectos y semillas ya que su entorno es muy seco y no puede desperdiciar ningún recurso alimenticio. Como la mayoría de aláudidos, hace el nido en una pequeña depresión del suelo, a la sombra de una mata o sin sombra alguna.

Fuera de España la encontramos a lo largo del África mediterránea pero solo tiene otra población importante en Marruecos, al norte del Atlas. En Argelia, Libia, Túnez y Egipto es muy escasa, cuando no rara.

Alondra ricotí (Estepes de Lleida 23-2-2016). Foto Salva Solé.

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Archibebe fino: ideal para entrenar la identificación

Si reducimos en un tercio el tamaño de un archibebe claro (Gamba verda) y le ponemos el pico de la cigüeñuela (Camesllargues) obtenemos un archibebe fino, aunque el plumaje nupcial de alas y dorso sea algo distinto. Nunca fue una especie abundante pero a principios de este siglo todavía pillaba algún ejemplar cada año: luego, como tantas otras aves, se fue rarificando y actualmente, aunque he duplicado mi número de salidas anuales, puedo pasar casi un lustro sin toparme con él.

De punta de pico a punta de cola mide entre 22 y 26 cm, siendo las hembras, en promedio, algo mayores que los machos. Eso aparte, no muestra nada que se pueda llamar dimorfismo sexual. Es más patilargo que cualquier andarríos y ya no digamos correlimos, pero hay que estar atento para no confundirlo con el archibebe claro o incluso con el oscuro, que tiene el pico muy fino (pero patas rojas). Si, por estar metido en el agua, no ves la longitud de las patas, también puede pasar por un andarríos bastardo (Valona) con pico largo. Podemos decir que se ríe de quienes todavía se pelean con la identificación de las limícolas, ya que lo pone bastante difícil.

Hablamos de una limícola migrante que, en Catalunya, solo aparece durante los pasos pre y post-nupcial, a menudo mezclado con otras limícolas en pastos inundados, charcas temporales, arrozales someros, marismas y entornos similares. No frecuenta playas aunque ya sabéis que la naturaleza siempre se saca de la manga alguna excepción. Cría en el interior continental, allí donde la estepa y el bosque boreal estén abiertos y encharcados.

Su dieta no se ha podido estudiar a fondo pero parece que incluye alevines, crustáceos y moluscos pequeños, así como muchos insectos, mayormente acuáticos. Ocasionalmente pica materia vegetal.

En primavera y verano todos los archibebes finos vuelan a una larga franja de territorio que se extiende por la mitad norte de Kazajistán y casi todo el sur de Rusia llegando por el este hasta la punta NE de China (Heilongjiang). Los terrenos de cría más cercanos a Catalunya estarían en el norte de Polonia. Pero todavía es mayor su rango de invernada, que abarca más de medio planeta: desde la costa de Mauritania hasta el SE de Australia, incluyendo la mayor parte del África subsahariana, el valle del Nilo y desde ahí hacia el este, de forma discontinua, por Irán, Iraq, la India, Sureste asiático e incluso las islas de Nueva Bretaña y Bougainville, al este de Papúa Nueva Guinea.

Aunque su estatus de conservación está clasificado “de preocupación menor”, en el último medio siglo ha dejado de reproducirse en Austria, Hungría y Eslovaquia. Parece que, a través de Rusia, se expande hacia el norte y el sur, si bien hay retrocesos locales. Por ejemplo, seguro que su éxito reproductivo ha descendido en Ucrania.

Archibebe fino (Aiguamolls de l’Empordà 12-4-2022). Foto de Salva Solé.

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Vencejo pálido: criando con las calmas

El último censo del ICO estima que crían en Catalunya entre 800 y 2700 parejas de esta especie. Puesto que las cifras del vencejo común (Falciot negre) oscilan entre las 100.000 y las 200.000 parejas, queda claro lo que cuesta hallar un pálido entre tanto común. Más todavía por lo mucho que se parecen: para distinguirlos – aparte de haberlos estudiado – hace falta que la luz solar incida bien sobre ellos.

De punta de pico a punta de cola mide cosa de 16 cm, mientras que el vencejo común hace entre 16 y 18 cm. No me consta que exista algún rasgo de dimorfismo sexual que podamos apreciar en el campo. Incluso cuando vocaliza se asemeja a su pariente.

Un estudio llevado a cabo en Gibraltar dio como resultado que, al menos allí, el vencejo pálido se alimenta en un 93% de pequeños insectos voladores (hymenópteros, hemípteros, dípteros…) mientras que los medianos o grandes, como los escarabajos, las mariposas y las libélulas quedan en franca minoría. Obviamente, la dieta puede cambiar de un lugar a otro e incluso de un año a otro, dependiendo de lo que haya disponible.

Mis dos lugares favoritos para buscarlo son el mirador de Canópolis (en Garraf) y el Pla de Gates (en el Cap de Creus). Y las fechas entre mediados de abril y mediados de septiembre. Los primeros aparecen en marzo, antes de que lleguen los vencejos comunes. Y los últimos se marchan en octubre, dos meses después de que su pariente se haya largado. El vencejo pálido se ríe de las prisas del otro, que llega tarde, cría a marchas forzadas y se marcha temprano. Él, en cambio, se lo toma con calma y eso nos da la oportunidad de detectarlo mejor en los momentos en que el común no está presente.

En Catalunya, el pálido es mayormente litoral y solo se mete unas decenas de kilómetros tierra adentro en el Alt Empordà. Como no cría más allá de la mitad sur de Francia y lo hace siguiendo la costa, poco sentido tiene buscarlo en las comarcas del interior de Catalunya. Sin embargo, puesto que existen colonias en Zaragoza, tampoco puede descartarse que hayan parejas que opten por criar en las comarcas de Lleida.

Cuando no nidifica en edificios rurales o urbanos busca los acantilados y otras paredes rocosas. Su densidad es mayor desde la Costa Brava hacía el norte, así como en el litoral del Tarragonés, Baix Camp y norte del Baix Ebre.

Aunque de forma moderada, parece que su población catalana ha ido creciendo desde 1975, quizás a causa del ascenso de las temperaturas, que podrían favorecerlo. No obstante, hay que tener en cuenta que parte de la mejora en las cifras podría deberse al mayor número y experiencia de l@s voluntari@s que lo censan.

Inexplicablemente, la guía de aves on line de SEO, a fecha de febrero del 2022, omite al vencejo pálido así que la información de que dispongo se remonta al “Atlas de las aves reproductoras de España”, editado en el 2003. Allí se explica que la población española de esta especie rondaría las 40.000 parejas. Fuera de Catalunya y la colonia zaragozana, casi no se le detecta en la mitad norte de la península ibérica, siendo escaso en Madrid y algo menos en Extremadura y Ciudad Real. El grueso de sus efectivos se concentran en Andalucía, especialmente en Huelva y Sevilla. Todo esto, recordemos, en el año 2003. También cría en las Baleares y las Canarias. Cuando encuentra lugares óptimos puede formar colonias compuestas por cientos de parejas.

Su distribución mundial tiene zonas de residencia en el norte de Niger y Chad así como en el Valle del Nilo y puntos de la mitad occidental de Egipto. En el entorno mediterráneo es una especie estival (reproductora) que tiene sus mayores contingentes en Marruecos, el norte de Argelia y Túnez. Luego se le encuentra disperso por la península arábiga, llegando al norte de Eritrea y el litoral de Irán. Las colonias de cría más orientales están en en NO de Mauritania y las islas de Madeira. En invierno ocupa una ancha franja de países que van desde el sur de Mauritania hasta Sudán del Sur, con un curioso reducto en el extremo SE de Irán y SO de Pakistán. Los invernantes más meridionales los encontraremos en el litoral nigeriano.

Si bien escasea en muchos lugares, abunda en otros y globalmente su población podría ser estable o estar creciendo ligeramente, así que se le considera no amenazado.

Vencejo pálido (Aiguamolls de l’Empordà 10-9-2016). Foto de Salva Solé.

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Grulla cuelliblanca: tan hermosa como vulnerable

Aunque en la península ibérica tenemos una buena cantidad de grullas, todas pertenecen a la misma especie. Pero en el mundo hay otros catorce integrantes de la familia Gruidae. Hoy os presento uno de los más espectaculares. Como le pasa a tantas aves hermosas, da la impresión de que se ríe del marabú africano, cuya virtud nunca fue la belleza. Aunque quizás sea más listo y, además, se halla mucho más lejos de la extinción.

De punta de pico a punto de cola, la grulla cuelliblanca mide un máximo de 125 cm y su envergadura alar alcanza los 210 cm. Eso significa que los ejemplares más grandes son un poco mayores que los machos con mejor talla de grulla común.

Tal como sucede con la mayoría de sus parientes, aparte de leves diferencias de tamaño/promedio, la grulla cuelliblanca no presenta un dimorfismo sexual apreciable en el campo.

Para criar necesita humedales someros junto a grandes ríos y lagos, frecuentando los terrenos agrícolas adyacentes. Construye el nido sobre un montículo de juncos secos. Durante el invierno ocupa ecosistemas similares, incluidos campos segados diversos, barbechos y estuarios fluviales.

Parece que siente debilidad por la dieta de invertebrados de buen tamaño y pequeños vertebrados (ranas, lagartos, roedores…) pero, sobre todo en invierno, consume grano (trigo, arroz), semillas silvestres, así como tubérculos y raíces que desentierra a picotazos, cual pájaro carpintero terrestre.

Su distribución mundial (área de cría) se limita a dos grandes “parches” de terreno ubicados a caballo entre el este de Mongolia, el NE de China y el SE de Rusia. Pasa el invierno en tres reductos mucho menores: uno entre el sur de Korea del norte y el norte de Corea del Sur (donde tomé las fotos), otro en el este de China y el tercero en la mitad occidental de la isla de Kyushu (sur de Japón).

Se la considera una especie vulnerable ya que su población total no supera los 6750 individuos. Sufrió un fuerte declive en el siglo pasado por la destrucción de los humedales, la caza y los efectos de las guerras. Comenzó a recuperarse en 1950 pero ha vuelto a disminuir rápidamente debido al aumento de la pérdida de hábitat en las zonas de nidificación e invernada. La reconversión agrícola de China le perjudica. Una sequía que duró diez años en el este de Mongolia también le afectó. La buena noticia es que puede reproducirse bien en cautividad: si hay que emprender programas de reintroducción, esta sería posible, pero… mientras no se le respeten lugares donde viva con cierta tranquilidad, su situación seguirá siendo mala. Aunque las grullas, en función de su elegancia, son aves emblemáticas en cualquier país, el desarrollo económico desaforado todavía tiene más partidarios. Y más poderosos.

 

Grulla cuelliblanca (Cheorwon Area – Corea del Sur 26-1-2017). Foto de Salva Solé.

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Correlimos de Temminck: de raro a escaso

Hay una relación directa entre la cantidad de ornitólog@s que peinamos el país y la rareza aparente de las especies: cuanta más gente prospectando, menos especies se pueden considerar raras. Aunque, al mismo tiempo, más genuinas rarezas se descubren porque cada vez son menos las que consiguen pasar desapercibidas. Lo comido, por lo servido, vamos. El caso del correlimos de Temminck es ilustrativo: antes de los años 90 del siglo pasado era considerado una rareza pues había muy poca afición a la observación de aves y todavía eran menos l@s que tenían el conocimiento necesario para identificar limícolas como ésta. A fecha de hoy, cuando el aumento de soci@s de SEO/BirdLife delata que cada vez más personas se echan al monte prismáticos en ristre, el correlimos de Temminck no pasa de ser un migrador escaso. Desde el 2002 (y hasta el 2021) solo me lo he perdido en 5 de los últimos 20 años.

De punta de pico a punta de cola mide entre 13 y 15 cm. La hembra suele tener las alas, el pico y los tarsos algo más largos en promedio, que el macho, pero no se puede decir que presente dimorfismo sexual porque esas diferencias solo se aprecian cuando las mides con un pie de rey.

Si ya no eres un@ recién llegad@ al mundo de las limícolas, solo correrás el riesgo de confundirlo con el correlimos menudo (Territ menut) que tienen el mismo tamaño, pero las patas negras, no amarillentas o verdosas como el Temminck. ¡Pero ojito con las patas embarradas! También el plumaje es un 20% distinto y, en nuestras latitudes, donde solo es una especie de paso o invernante, su librea nupcial no suele verse. Si no dominas el tema todavía, las buenas guías te acabarán de orientar para su correcta identificación.

En la época de reproducción se instala en la tundra menos pelada, aquella que todavía soporta algo de arbolado disperso y matorrales, siempre que esté encharcada. En invierno no suele frecuentar playas ni lodos mareales y prefiere arrozales con una fina lámina de agua, charcas someras y humedales con vegetación baja tanto en zonas litorales como de interior. En Catalunya frecuenta nuestros tres humedales más relevantes pero también algunos de los otros, incluido el Estany de Ivars cuando sus niveles de agua están bajos. Yo lo veo sobre todo en el Delta de l’Ebre pero también me lo he topado en Aiguamolls de l’Empordà y el Delta del Llobregat.

Como tantas otras aves, se ríe de la dieta única porque la cambia estacionalmente: pequeños escarabajos, moscas y las larvas de ambos constituyen el grueso de su menú de primavera y verano, mientras que en invierno tira más de gusanos, crustáceos y moluscos. Solo de tarde en tarde consume materia vegetal.

Hablamos de una especie euroasiática con DNI del Ártico, pues cría desde Noruega hasta la punta más oriental de Siberia aunque solo donde se dé el ecosistema antes descrito. Lo encontramos incluso en las remotas islas de Nueva Siberia, pero no en otras islas rusas. Pasa el invierno, como muy al norte, en unos pocos puntos de Italia, Cerdeña y la península ibérica (normalmente, no en Catalunya). También en la costa atlántica de Marruecos y, de forma fragmentaria, por el litoral afromediterráneo. Más ejemplares invernantes van a parar al valle del Nilo y a una ancha franja de países subsaharianos, estirándose por el sur hasta Burundi. Siguiendo hacia el este lo encontramos, entre septiembre y marzo, en Iraq, Pakistán, la India y algunos países del sureste asiático, el sur de Borneo y, como extremo oriental, Taiwan y las islas Ryukyu (sur de Japón).

Su estatus de conservación todavía se considera bueno, aunque cuesta saber cual es su población mundial: se especula con entre un millón y diez millones de parejas ya que ¡a ver quien lo va a censar a lo largo de 8.000 km de tundra! O en África, durante el invierno. Se ha constatado la ampliación de su rango de cría hacia el sur de Noruega. No obstante, se teme que el calentamiento global tenga un impacto negativo en su conservación y entre el 2002 y el 2013 ya se midió una disminución anual del 1,4% en la cantidad de parejas reproductoras de Fenoscandia.

Correlimos de Temminck casi nupcial (Delta de l’Ebre 20-8-2016). Foto de Salva Solé.

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Carricerín común: el reto

Cuando empiezas a observar de aves, especies como esta tienden a desanimarte porque además de parecerse mucho a otras, son escondedizas y escasas, de manera que pasan años sin que tengas la oportunidad de ver bien un solo ejemplar. Quienes se hayan apasionado con el asunto, las asumirán como un reto, las estudiarán y las buscarán. Quienes prefieran bichos del tamaño de una paloma para arriba, optarán por ignorarlas. Lo bueno de la afición ornitológica es que nadie te obliga a vivirla de determinada manera y puedes llegar hasta donde quieras o quedarte justo dónde te apetezca, progresar a cualquier velocidad o no progresar y, aun así, disfrutar sin perjudicar a nadie. Lógicamente, se empieza por lo más fácil y frecuente, pero pasa a menudo que, conforme vas dominando la identificación de las especies comunes, te empiezas a interesar por las que lo son menos y allí nos están esperando más de un tercio de las limícolas, no pocas rapaces, aves marinas, juveniles de gaviotas y los que yo llamo “paseriformes problemáticos”, de los cuales el carricerín común es un ejemplo típico, que se ríe de nuestras limitaciones. Pero, obviamente, cuanto más a menudo salgas a bus-carlo, en la época y los lugares oportunos, más probabilidades tendrás de dar con él y aprender a identificarlo.

No es una rareza porque, de momento, cada año pasa en ambas migraciones por nuestros principales humedales: la foto de cabecera la hice un 14 de abril en Aiguamolls de l’Empordà y la de abajo un 6 de octubre en el Delta del Llobregat. Desde que empecé a pajarear (1997) y hasta 2022, solo lo he visto seis veces en Catalunya, pero es más abundante de lo que aparenta: lo que pasa es que suele andar metido entre el carrizo, donde cuesta de ver. Por si fuera poco, puede confundirse con el carricerín real (Boscarla mostatxuda) que, aun siendo residente, resulta igualmente escaso y ocupa el mismo ecosistema.

Si bien en Catalunya lo vemos casi siempre en carrizales, no está excesivamente ligado a estos y le sirve cualquier vegetación baja de orilla, evitando los árboles, los grandes arbustos y las zonas peladas. Márgenes de canales, marismas, lagunas, ríos… pero también, en ocasiones, cría hasta a medio kilómetro de distancia del agua más próxima en huertos, barbechos, setos, campos de ortigas y matorral.

Como hablamos de un insectívoro, su dieta está dominada por los invertebrados, de los cuales consume una gran variedad, desde arañas a polillas y desde mosquitos a gusanos. Cuando la chicha va escasa, como tantos otros “carnívoros” se resigna a rellenar los huecos del estómago con semillas y otra materia vegetal que, en su menú, nunca supera la categoría de guarnición.

En la península ibérica cría de forma muy escasa y fortuita, con algunas citas en el litoral cantábrico. Por ello es realista afirmar que solo se ve entre finales de febrero y hasta primeros de mayo (paso prenupcial) y entre finales de julio y primeros de noviembre en el paso postnupcial. España constituye una zona de tránsito importante para los reproductores europeos así que, si lo vemos poco, no será porque resulte escaso si no porque los paseriformes del género Acrocephalus son bastante duros de ver cuando están en migración. La cosa cambia en el momento en que los machos buscan territorios y los defienden cantando tanto para atraer pareja como para mantener alejados al resto de competidores. Entonces es mucho más fácil de observar, tal como sucede con el carricero común (Boscarla de canyar) y el carricero tordal (Balquer), que sí que crían en nuestros carrizales. Cuando pasé dos días de mayo en Hortobágy – un gran humedal húngaro – pude ver al menos diez carricerines comunes, algunos subiendo a cantar en lo alto de las cañas.

Su distribución mundial se compone de dos grandes regiones: la zona de cría abarca desde la mitad NO de Francia, Reino Unido, Irlanda y Escandinavia hasta en centro de Rusia y este de Kazajistán. En el entorno mediterráneo solo se reproduce desde Grecia hacia el este. Ocupa tanto la taiga como la tundra siempre que encuentre la cobertura vegetal idónea y suficiente disponibilidad de agua.
Su zona de invernada consiste en la mayor parte del África subsahariana, con la excepción de la punta SO, que implica la mitad de Botswana y de Sudáfrica, así como la mayor parte de Namibia. Su presencia también está limitada en Somalia y Etiopía.

No se le considera globalmente amenazado (preocupación menor). La población ruso/europea se calcula en entre 4.4 y 7.4 millones de parejas, lo que vendría a ser algo más de la mitad de sus efectivos totales. Las mayores concentraciones se dan en el norte y noreste de Europa con poblaciones que exceden de las 2000 parejas en 50 km cuadrados como sucede en Rusia, Finlandia y los estados bálticos. Pero las sequías africanas parecen afectar a su número, sobre todo en el oeste de Europa, aunque seguro que concurren más factores.

Carricerín común (Delta del Llobregat 6-10-2019). Foto de Salva Solé.

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Codorniz común: quedarnos sin ella en breve

En el año 2003, a la codorniz común se le calculaban entre 320.000 y 435.000 parejas en España. Pero llegado el 2020, en SEO/BirdLife la elegimos ave del año mediante votación popular – junto con l@s soci@s portugueses/as de SPEA – porque ya solo quedaban 225.000 ejemplares. La pérdida de hábitat, la presión cinegética, el cambio climático y la contaminación genética con especies exóticas de suelta, como la codorniz japonesa y sus híbridos, han provocado un declive del 74%. Puesto que cada año se cazan alrededor de un millón de codornices en España, sin la suelta continua y masiva de aves criadas para la matanza deportiva ¡en una sola temporada de caza nos quedaríamos sin!

De punta de pico a punta de cola mide entre 16 y 20 cm. Las hembras tienden a ser, en promedio, una pizca mayores que los machos pero no se puede decir que exista dimorfismo sexual en esta especie.

Se alimenta tanto de semillas diversas como de invertebrados terrestres (escarabajos, hormigas, grillos, saltamontes, arañas, lombrices, orugas, caracoles…) .Así que generalmente se ríe del hambre porque su falta de especialización no desperdicia recursos.

Habita terrenos abiertos con cobertura herbosa que no sobrepase el metro de altura pero evitando los suelos pelados. Eso incluye desde estepas a prados montanos pasando por terrenos agrícolas, sabanas y pastos. En los entornos más secos precisa cursos de agua cercanos. Hay citas de cría hasta los 3000 m de altitud (Buthan).

Antes de que el campo se industrializase fue un ave abundante en toda la península ibérica, con la salvedad de las regiones más húmedas – como el cantábrico – o demasiado áridas, como algunas del litoral levantino. Si nos centramos en Catalunya, vemos que, tras los censos 2015-2018, el ICO le estima un máximo de 6.200 machos y un mínimo de 2.200. Se cuentan machos y no ejemplares o parejas porque solo los machos emiten su característico canto y son detectables de ese modo ya que cuesta mucho verlos (casi siempre se mantienen a cubierto). El grueso de su población catalana resiste en la franja de campos cerealistas que van desde la Plana de Lleida hasta el Empordà. Y todavía es común en algunos valles pirenaicos del Pallars, Alt Urgell, Cerdanya y Ripollès. Donde peor le va es en la mitad sur de Catalunya. Pero parece que el ritmo de desaparición ha disminuido en la última década y media y se acerca a la estabilidad al redistribuirse su población. Por ejemplo, ahora se le ve más que antes por sobre los 2.200 m.s.n.m. Aunque en el hemisferio norte es mayoritariamente una especie estival, presenta poblaciones residentes en el SO de la región mediterránea. En Catalunya solo se la ve entre marzo y septiembre, meses que abarcan la época de cría y ambas migraciones.

Está claro que su área de distribución se está desplazando hacia el norte conforme el sur se desertiza, de ahí que suba más en las montañas. Pero, en Catalunya, la principal amenaza sigue siendo la conversión del cultivo de secano en regadío, fenómeno que se ha dado con especial intensidad en Tarragona y el sur de Lleida. Astutamente, se promociona el regadío cuando las sequías tienden a ser cada vez más graves, largas y frecuentes. Los pesticidas, el adelanto de la siega y la abertura de la media veda de caza a finales de verano son otros factores que la perjudican.

Tiene una fenología compleja y a ello se añaden oscilaciones de abundancia, dos factores que complican mucho su estudio. Por eso, aunque se la considera no amenazada a nivel global, varía enormemente de estatus de conservación dependiendo de la parte del mundo que examines.

A grosso modo se puede describir su tarea de distribución mundial diciendo que se reproduce desde Portugal, Irlanda y sur de Noruega hasta el centro-sur de Rusia y el tercio occidental de Mongolia. Tiene reductos sedentarios desde Marruecos a Túnez, así como en puntos del este y el sur de África (Madagascar incluida), una estrecha franja al sur de los Himalayas y el centro de la india. Es invernante en Egipto y al sur del Sáhara, pero en esa amplia zona también es un reproductor estival, aunque en lugares dispersos. Afganistán, Pakistán y la India conforman otra gran zona de invernada.

Condorniz común. Foto de Salva Solé.

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