Curruca mosquitera: entre ramas

Para el 99% de la población española esta es un ave totalmente desconocida. Si alguien la ve, acabará clasificada de gorrión por ser pequeña y parda. Sin embargo, su nombre inglés delata que, más al norte, es una vecina habitual. La población europea de curruca mosquitera se calcula en 17.000.000 de parejas, lo que la pone, por ahora, a salvo de la extinción. Su estatus se consideró estable entre 1970 y 2000. No he visto una evaluación más reciente pero no me extrañaría que, desde el 2005 para acá, se hayan registrado reducciones locales como las que afectan a muchas aves comunes.

El censo del ICO del periodo 1999 – 2002 permitió calcularle a Catalunya una población reproductora de entre 60.000 y 160.000 ejemplares. De nuevo arrastramos datos antiguos.

Su canto se asemeja bastante al de la curruca capirotada (Tallarol de casquet) lo que ayuda a que pase desapercibida para quienes no tienen muy afinado el oído. Aun así, son el censo indica números muy altos para lo poco que se ve, sobre todo si tenemos en cuenta que solo está ausente de las zonas secas del oeste, la mitad litoral sur y el extremo noreste. Sus mayores densidades se dan en el Prepirineo, Pirineos centrales y occidentales y en varios relieves orográficos que retienen cierta humedad, como el Montseny y las montañas de Prades.

En la península ibérica se la ve bastante restringida a la mitad norte, aunque hay puntos donde se reproduce incluso en Huelva, provincia que marcaría el extremo sur de su área de reproducción mundial.

De punta de pico a punta de cola mide 14 cm y a diferencia de la mayoría de currucas, carece de dimorfismo sexual: machos y hembras presentan el mismo aspecto. Incluso los juveniles son iguales cuando pierden las boqueras.

Su aspecto, si bien discreto, resulta inconfundible precisamente porque es tan lisa como un mosquitero común pero más robusta, con mayor tamaño, pico más grueso, ausencia de ceja y una diagnóstica mancha gris en los laterales del cuello.

Su manía de permanecer en lo más denso de la vegetación – se ríe del exhibicionismo del petirrojo europeo (Pit-roig) – la hace difícil de contemplar. No en vano es una especie típica del matorral espeso, bordes forestales y arboledas ribereñas con sotobosque bien desarrollado.

La mejor época para verla es el paso pre-nupcial (primavera) cuando cientos de miles cruzan la península ibérica en dirección norte. Entonces, echándole tiempo, es posible observarla incluso en los parques urbanos de Barcelona: la foto de cabecera la hice en Diagonal Mar y la de abajo en el Parc de la Ciutadella. Aun así, tal como sucede con la mayoría de paseriformes migratorios, hay años en que resulta más abundante que otros. En el paso post-nupcial también aparece pero, en mi experiencia, todavía se esconde más o resulta menos numerosa.

Puesta a la mesa, combina los insectos con las bayas y frutos. Durante la época de reproducción tira más de invertebrados y en invierno consume más fruta. Decir que una curruca es mosquitera equivale a decir que una gaviota es voladora: todas las currucas son aves insectívoras y la mayoría también consume materia vegetal.

Si miramos su mapa de distribución mundial veremos que, durante los meses invernales, se mantiene al sur del Sáhara, bajando más por el este (hasta la Sudáfrica oriental) que por el oeste, donde se queda en el norte de Namibia. No me consta que se haya citado como invernante en ninguna parte de Eurasia, aunque deben haber excepciones. Tras la migración primaveral, ocupa Europa desde Huelva, Irlanda y Escandinavia hasta la franja norte de Turquía, Georgia, Azerbaiyán, regiones septentrionales de Kazajistán y centro/sur de Rusia. Evita las tundras peladas pero apura los límites de la zona arbolada y el sotobosque boreal. Presente solo durante los pasos migratorios en las islas del Mediterráneo y las Canarias.

Curruca mosquitera (Parc de la Ciutadella 8-5-2019). Foto de Salva Solé.

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