Terrera marismeña: el colmo de la discreción

Aquellas aves que – como nuestra protagonista de hoy – son el colmo de la discreción, tienden a confundirse entre sí: hay que tener cierta experiencia para distinguir una terrera de un gorrión o de un bisbita. En Catalunya, además, la terrera marismeña es muy escasa y local. En el ya lejano 2009, el ICO estimó que solo quedaban cosa de 340 ejemplares. Yo mismo he podido constatar como se ha rarificado en la última década incluso en uno de sus pocos ecosistemas óptimos: los llanos de salicornia de Erms de la Tancada (Delta de l’Ebre). Se trata de una especie residente a la que solo le quedan reductos minúsculos y dispersos en las comarcas del Segriá y les Garrigues, así como en el Delta de l’Ebre.

Ocupa saladares junto a zonas húmedas, barbechos ralos y estepas mediterráneas por debajo de los 300 m.s.n.m. En el resto de la península ibérica también está en regresión, conforme pierde hábitats. Si fuera un sujeto feroz y gallardo como, por ejemplo, el Águila imperial ibérica, ya se habrían invertido algunos centenares de miles de euros en su rescate, pero algo tan chiquitín y pardo lo tiene crudo para alcanzar la popularidad que la salve.

De punta de pico a punta de cola mide entre 13 y 14 cm. Machos y hembras presentan el mismo aspecto. No hay que confundirla con la terrera común (Terrerola comú) cuyo pico es algo más largo, a menudo presenta un tono rojizo en el píleo y dos “comas” oscuras a los lados del pecho, de las cuales a veces desciende una fina y corta “lluvia” de pintas. La terrera marismeña se alimenta básicamente de invertebrados (primavera/verano) y semillas (otoño/invierno).

En la última revisión de la taxonomía Clements (la que sigo desde que la Cornell Lab absorbió al “Handbook of the Birds of the World”) la terrera marismeña ha sido separada de sus subespecies orientales (heinei, aharonii y persica) que han pasado a conformar una nueva especie: la terrera pálida (Alaudala heinei). Ambas – marismeña y pálida – se ríen de nuestra obsesión clasificatoria ya que no hay líneas realmente nítidas entre muchas de las que consideramos especies. Sin embargo, esa manía nuestra tal vez les ayude ya que, con esta reciente división, la terrera marismeña se ha hecho más escasa y restringida, lo cual puede atraer medidas de protección que de otro modo no llegarían. Ha sucedido con diversas especies, aunque no es, para nada, una circunstancia garantizada. En fin… ahora la terrera marismeña ocupa algunas partes del este y el sur de España, extremo sur de Portugal, así como Marruecos, Túnez, Israel, Siria, NE de Egipto y unos pocos enclaves en Argelia, Libia y Turquía. Está presente en las Islas Canarias, pero también allí va desapareciendo. Divagante muy ocasional a las Baleares. Es común en Marruecos y Túnez pero solo localmente común en puntos del valle del Ebro (Zaragoza), Murcia, Almería, Cádiz y Huelva.

A diferencia de las aves forestales, que van ganando terreno conforme se abandona la agricultura de minifundio, las esteparias, salvo quizás aquellas pocas que mejor se adaptan – como la cogujada común (Cogullada comú)sufren el avance de la agricultura intensiva que no respeta la biodiversidad.

Terrera marismeña (Delta de l’Ebre 22-8-2015). Foto de Salva Solé.

 

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