Zorzal real: invierno ibérico

Junto al pinzón real (Pinsà mec) la agachadiza chica (Becadell sord) el colimbo grande (Calàbria grossa) y el zorzal alirrojo (Tord ala-roig) – entre otras especies terrestres y marinas – el invierno ibérico nos trae el zorzal real, la especie de zorzal más escasa de las cuatro que se pueden ver en Catalunya. Como sucede con tantas aves, es menos raro de lo que aparenta: para el periodo 2006/2009 el ICO calculó un promedio de 1.765 ejemplares, estimándose 778 en el peor año y 4.003 en el mejor. Aunque puede presentarse al nivel del mar, su rango de altitud preferente, durante los inviernos en Catalunya, es entre los 1500 y los 2100. Eso varía en función de cuanta nieve haya en la montaña, pero el cambio climático presagia que cada vez habrá menos, a pesar de puntuales episodios de copiosas pero efímeras nevadas.

Aunque una vez me lo topé (siempre muy de lejos) en Aiguamolls de l’Empordà y otra en el Delta del Llobregat, eso es raro y resulta más cabal buscarlo en el Turó de l’Home, las laderas medias de los Pirineos y las partes altas del Prepirineo.

Si puede elegir, prefiere entornos donde se alternen los prados abiertos y las arboledas o bosques, siempre que proporcionen semillas, bayas y frutillas para alimentarse. Por eso, en otra ocasión, lo divisé en los secanos de Lleida, cerca del Pantá d’Utxesa, acampado entre plantaciones frutales. Todo lo dicho anteriormente se refiere a la temporada entre noviembre y marzo. Cuando llega la primavera, su sitio está en los bosques y prados del centro y el norte de Europa, donde cría incluso en parques urbanos ya que monta el nido en árboles. Más al norte se extiende, durante los meses estivales, desde Noruega hasta la Siberia Oriental, adentrándose en la tundra allí donde queden arboledas enanas y grandes arbustos. Algunos ejemplares se instalan en islas herbosas sin nada que se asemeje a un árbol, criando en el suelo o en matas bajas. Si bien en la época de reproducción llega tan lejos como el NE de China, su zona de invernada habitual tiene como límite oriental Uzbequistán y Turkmenistán, aunque hay citas puntuales hasta en Japón. Y como límite occidental el litoral islandés, Irlanda y norte de Portugal. Por el sur se estira hasta el centro de Egipto siguiendo el valle del Nilo y también aparece a lo largo del filo mediterráneo de África, desde el norte de Marruecos hacia el este. En consecuencia, hay regiones donde es un visitante estrictamente estival, otras donde solo aparece en invierno y unas terceras donde es residente o migrante de corta distancia.

De punta de pico a punta de cola mide entre 24 y 28 cm y, tal como sucede con tantos zorzales, no hay diferencias perceptibles (salvo en mano) entre ambos sexos.

Su dieta – típica de muchos otros zorzales – abunda en invertebrados durante la primavera y el verano, pasándose a las semillas, las bayas y la fruta en otoño e invierno. En cuanto a bichos, se come todos los tipos que pueda atrapar en el suelo, desde hormigas a polillas pasando por grillos, lombrices y arañas. Como anécdota, se le ha visto capturar alevines. Cuando le toca pasarse al vegetarianismo también presume de amplias tragaderas y despacha tanto recursos silvestres como cultivados.

En cuanto a su estatus de conservación, pertenece al club de aves que, por ahora, se ríe de la extinción ya que está clasificado como no amenazado y común. Se calcula que su población mundial es de varias decenas de millones y se ha constatado su incremento en Europa durante los últimos cien años, quizás gracias a la expansión de los cultivos y el clareo de los bosques primitivos: ya se sabe que lo que perjudica a unos, beneficia a otros.

Zorzal real (Sur de Noruega 22-4-2012). Foto de Salva Solé.

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