Curruca capirotada: boinas y aceitunas
Tallarol de casquet - Sylvia atricapilla (Blackcap)
Tú también te reirías de los fabricantes de boinas si nacieses con una puesta, es lo que le pasa a la curruca capirotada. Las de los caballeros son negras y las de las damas castaño-rojizas. Pero, de jóvenes, ambos sexos la visten castaño-rojiza y, solo al cumplir unos cuantos meses de edad, las boinas de los machos se vuelven negras. Un hecho que mueve a reflexión.
La curruca capirotada es residente en la Macaronesia (Canarias, Azores, Madeira, Selvagens y Cabo Verde), Portugal, España, Italia, Croacia, Eslovenia, Bélgica, Holanda, buena parte de Francia, el extremo sur de Inglaterra y la franja mediterránea de Marruecos. Pero es especie estival en Alemania, Dinamarca, Grecia, Turquía, Escandinavia y la Rusia occidental. Esas poblaciones emigran hacia varias zonas de África para pasar el invierno aunque una parte de ese contingente se queda en la península ibérica. Al parecer, en esa época del año se pirra por las olivas, de manera que es en los olivares, entre octubre y marzo, donde más fácilmente la veremos.
Como entorno de cría prefiere los ecosistemas forestales y, de hecho, cualquier masa densa de vegetación, bosques de ribera, cultivos frutales, parques y jardines.
En los Pirineos llega a criar hasta los 2.200 metros pero, generalmente, lo hace más abajo. Se alimenta de insectos durante la época reproductiva pero, en la medida en que escasean éstos, se pasa a la dieta frugívora, mejor si son olivas, durante el otoño y el invierno. De punta de pico a punta de cola mide entre 13,5 y 15 centímetros.
En Catalunya está muy presente en masas de vegetación con cierta humedad y se calcula que la población residente cuenta con entre uno y dos millones de ejemplares, pues no en vano es de las aves más comunes entre nosotr@s. Collserola misma alberga una buena cantidad de estas aves.
Durante las migraciones puede resultar localmente abundante, concentrándose allí donde hay plantas con bayas (y olivas). En el parque de Diagonal Mar (Barcelona) un día de principios de otoño llegué a contar más de quince ejemplares en tres o cuatro árboles.
Opino que su canto es más musical que el del Ruiseñor común aunque, desde luego, no tan variado.
Gracias, gracias. Viene a comer a mi ventana este pajarín y no tenía nada claro quién era, porque la hembra no tiene el capirote negro. Ya está identificada.
Vivo en Soria y aquí no hay aceitunas, en su lugar zampa mantequilla que no veas.