Aguilucho pálido: visitante nórdico

Como nidificante, es una de las aves más escasas de Catalunya (solo una o dos parejas), pero en invierno nos visitan ejemplares nacidos en el centro y norte de Europa. El ICO, en su Atlas d’ocells de Catalunya a l’hivern (2006 – 2009) estimaba entre 302 y 339 los individuos invernantes. Dudo que ese número haya aumentado en la última década, así que no te extrañe si te cuesta dar con uno.

El macho (foto de abajo) es bastante distintivo y – de entre los aguiluchos habituales en Catalunya – solo se asemeja al del cenizo (Esparver cendrós). Pero la hembra (foto de cabecera) es casi idéntica a la de su pariente. El joven es más fácil de confundir con una hembra de ambas especies que con el joven de cenizo. Por si la complicación supiese a poco, una de las rarezas regulares, citada cada año en Catalunya, es el aguilucho papialbo, cuyos jóvenes y hembras también se parecen un montón al pálido y al cenizo. ¡E incluso el macho! El género Circus plantea todo un reto. Menos mal que el aguilucho lagunero occidental (Arpella comú) va de otro palo…

Al aguilucho pálido le gustan las zonas llanas y abiertas lo cual incluye humedales, estepas, terreno agrícola, pastos e incluso tundra. Es el aguilucho que cría más al norte, adentrándose en Siberia. De punta de pico a punta de cola mide entre 42 y 50 cm. Y de punta a punta de ala, como mucho, llega a los 121 cm. Las hembras son más grandes y pesadas que los machos.

Se alimenta de vertebrados pequeños, mayormente roedores tales como ratones, topillos, ardillas terrestres, gazapos y lebratos. Pero también captura aves, siendo aficionado a los paseriformes aunque se le ha visto capturar anátidas y lagópodos. Completa el menú con huevos y pollos, invertebrados diversos, lagartos, ranas y – en invierno, si el hambre aprieta – carroña. Salvo por su aversión a los vegetales, se ríe de las limitaciones dietéticas. Como el resto de aguiluchos, caza volando a baja altura para sorprender alguna pieza sobre el terreno. No obstante, es capaz de captura pájaros en vuelo.

Curiosamente, aunque puede posarse en rocas, postes, arbustos y árboles, para dormir se queda en el suelo.

Desde zonas del centro de la península ibérica hasta Escocia, Irlanda, Dinamarca y la Polonia occidental encontramos poblaciones sedentarias. Pero en Escandinavia, toda Rusia y esquina NE de China es un ave estival que llega en primavera y se marcha en otoño. Como invernante está presente desde el sur de Marruecos hasta Japón, en un amplio frente de países de clima moderado y cálido que incluirían, por solo citar unos pocos, Portugal, Italia, Turquía, Israel, Omán, Irán, Nepal, SE de China y Corea del Sur.

Macho de aguilucho pálido en vuelo (Aiguamolls de l’Empordà 29-12-2019). Foto de Salva Solé.

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Grulla cuelliblanca: tan hermosa como vulnerable

Aunque en la península ibérica tenemos una buena cantidad de grullas, todas pertenecen a la misma especie. Pero en el mundo hay otros catorce integrantes de la familia Gruidae. Hoy os presento uno de los más espectaculares. Como le pasa a tantas aves hermosas, da la impresión de que se ríe del marabú africano, cuya virtud nunca fue la belleza. Aunque quizás sea más listo y, además, se halla mucho más lejos de la extinción.

De punta de pico a punto de cola, la grulla cuelliblanca mide un máximo de 125 cm y su envergadura alar alcanza los 210 cm. Eso significa que los ejemplares más grandes son un poco mayores que los machos con mejor talla de grulla común.

Tal como sucede con la mayoría de sus parientes, aparte de leves diferencias de tamaño/promedio, la grulla cuelliblanca no presenta un dimorfismo sexual apreciable en el campo.

Para criar necesita humedales someros junto a grandes ríos y lagos, frecuentando los terrenos agrícolas adyacentes. Construye el nido sobre un montículo de juncos secos. Durante el invierno ocupa ecosistemas similares, incluidos campos segados diversos, barbechos y estuarios fluviales.

Parece que siente debilidad por la dieta de invertebrados de buen tamaño y pequeños vertebrados (ranas, lagartos, roedores…) pero, sobre todo en invierno, consume grano (trigo, arroz), semillas silvestres, así como tubérculos y raíces que desentierra a picotazos, cual pájaro carpintero terrestre.

Su distribución mundial (área de cría) se limita a dos grandes “parches” de terreno ubicados a caballo entre el este de Mongolia, el NE de China y el SE de Rusia. Pasa el invierno en tres reductos mucho menores: uno entre el sur de Korea del norte y el norte de Corea del Sur (donde tomé las fotos), otro en el este de China y el tercero en la mitad occidental de la isla de Kyushu (sur de Japón).

Se la considera una especie vulnerable ya que su población total no supera los 6750 individuos. Sufrió un fuerte declive en el siglo pasado por la destrucción de los humedales, la caza y los efectos de las guerras. Comenzó a recuperarse en 1950 pero ha vuelto a disminuir rápidamente debido al aumento de la pérdida de hábitat en las zonas de nidificación e invernada. La reconversión agrícola de China le perjudica. Una sequía que duró diez años en el este de Mongolia también le afectó. La buena noticia es que puede reproducirse bien en cautividad: si hay que emprender programas de reintroducción, esta sería posible, pero… mientras no se le respeten lugares donde viva con cierta tranquilidad, su situación seguirá siendo mala. Aunque las grullas, en función de su elegancia, son aves emblemáticas en cualquier país, el desarrollo económico desaforado todavía tiene más partidarios. Y más poderosos.

 

Grulla cuelliblanca (Cheorwon Area – Corea del Sur 26-1-2017). Foto de Salva Solé.

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