Treparriscos: único. Además, confiado.

Un dolor que acarreo desde hace lustros es no haber conseguido hacerle una foto decente a esta especie tan emblemática como bella. Os pongo lo que tengo para que, al menos, os hagáis una idea. Es una de las aves más confiadas de la península ibérica pero lo difícil es tenerla cerca. Y tampoco es que abunde: en los Pirineos catalanes el ICO calculó su censo en no más de 200 (ni menos de 130) ejemplares adultos. Y eso a pesar de que entonces (entre 1999 y 2002) solo se pudo constatar su reproducción en 7 cuadrículas UTM distribuidas por seis comarcas, desde la Vall d’Arán al Berguedà. Los hábitos rupícolas y alpinos que le distinguen dificultan un montón la prospección ornitológica y, para much@s pajarer@s, es el invierno – cuando desciende de cota – la mejor época para verlo. La foto de cabecera está captada en los Ports de Beseit (Tarragona) a finales de noviembre y la de abajo en el acantilado marino de la Falconera (Garraf) a finales de diciembre. Fuera del Congost de Mont-Rebei, donde casi cada año se le ve, su elección de cuartel invernal es imprevisible: a veces repite lugar y a menudo no. Mont-Rebei es un trayecto muy frecuentado por paseantes y senderistas y, además, te limita en cuanto a ubicarte para verlo ya que solo puedes caminar por el sendero tallado en la roca. Pero tiene fama de ser el mejor sitio para observarlo.

Aunque en verano se mueve a grandes altitudes, codeándose con el gorrión alpino (Pardal d’ala blanca) el lagópodo alpino (Perdiu blanca) el acentor alpino (Cercavores) y la chova piquigualda (Gralla de bec groc) en invierno se conforma con mucho menos y es capaz de pasarse meses alimentándose en las paredes de una iglesia de pueblo, como sucedió hace tiempo en Talarn (Tremp).

En Catalunya, la migración altitudinal le supone desplazamientos que van desde los 5 a los 215 km. Pero en la península ibérica, donde solo cría en los Picos de Europa y Los Pirineos, se pega buenos viajes, llegando hasta la Provincia de Granada. Y, si bien puede pasarse cuatro meses en la misma zona, también puede ir cambiando de ubicación cada pocos días, según encuentre, o no, alimento.

De punta de pico a punta de cola mide entre 14,2 y 18 cm. En plumaje nupcial, el macho presenta garganta y pecho negro, mientras que en la hembra (y el macho en plumaje de eclipse) esas partes son blanquecinas y, en ocasiones (según el individuo) con una mancha oscura en la garganta. Le gusta que sus muros y peñascos presenten caras con diferentes orientaciones, garantizando buenas sombras pero también “soláriums”. Su dieta es íntegramente carnívora, capturando todos los tipos de invertebrados que se pueden encontrar en la roca, desde arañas a hormigas pasando por moscas, miriápodos, caracoles pequeños, escarabajos, grillos, polillas, larvas y huevos de insectos. Las arañas son especialmente importantes durante los meses fríos. Tal como ya habréis deducido, nidifica en huecos y grietas de la roca, a menudo en grandes paredes. En España rara vez se reproduce por debajo de los 2.000 m.s.n.m. y con frecuencia por sobre los 2.800. En los Himalayas hay una cita excepcional a 6.300 m, aunque lo habitual allí es entre 3.000 y 5.000.

El treparriscos no solo tiene un género para él solo si no toda una familia (Tichodromidae) lo cual delata su singularidad.

Ha sido bastante estudiado en Europa y se le estima una población de entre 15.000 y 28.000 parejas. Aunque su estatus de conservación, a escala mundial, es bueno, en Polonia está “en peligro crítico” (solo hay entre 15 y 20 parejas) en Eslovaquia se le considera “casi amenazado” (con entre 30 y 50 parejas) y también está en la lista roja de Alemania. En la península ibérica, con entre 9.000 y 12.000 parejas, igualmente aparece incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”. La inundación permanente de desfiladeros rocosos que supone la construcción de embalses y la perdida de nidadas a cargo de la escalada deportiva, serían sus principales azotes. Sin embargo, en el ámbito mundial, puede reírse de la extinción porque, más allá de Europa, hacia oriente, dispone de macizos montañosos con enormes regiones de difícil acceso donde malamente podemos ir a tocarle las narices: el Cáucaso, los Montes Altai (SO de Mongolia) los Himalayas y la gran meseta del Tíbet. Desde esta última región, bien entrado el otoño, vuela lejos hacia el este hasta casi asomarse al Mar de la China Oriental en las provincias de Hebei y Jiangsu.

Treparriscos en La Falconera (Garraf 26-12-2010). Foto de Salva Solé.

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About Salvador Solé

Ornitólogo, fotógrafo, viajero y articulista. Socio de SEO/BirdLife desde 2002, colabora con el Grupo Local SEO Barcelona desde su fundación en 2010 y desde el mismo imparte cursos y charlas, también es guía de excursiones ornitológicas divulgativas.