Carricerín común: el reto

Cuando empiezas a observar de aves, especies como esta tienden a desanimarte porque además de parecerse mucho a otras, son escondedizas y escasas, de manera que pasan años sin que tengas la oportunidad de ver bien un solo ejemplar. Quienes se hayan apasionado con el asunto, las asumirán como un reto, las estudiarán y las buscarán. Quienes prefieran bichos del tamaño de una paloma para arriba, optarán por ignorarlas. Lo bueno de la afición ornitológica es que nadie te obliga a vivirla de determinada manera y puedes llegar hasta donde quieras o quedarte justo dónde te apetezca, progresar a cualquier velocidad o no progresar y, aun así, disfrutar sin perjudicar a nadie. Lógicamente, se empieza por lo más fácil y frecuente, pero pasa a menudo que, conforme vas dominando la identificación de las especies comunes, te empiezas a interesar por las que lo son menos y allí nos están esperando más de un tercio de las limícolas, no pocas rapaces, aves marinas, juveniles de gaviotas y los que yo llamo “paseriformes problemáticos”, de los cuales el carricerín común es un ejemplo típico, que se ríe de nuestras limitaciones. Pero, obviamente, cuanto más a menudo salgas a bus-carlo, en la época y los lugares oportunos, más probabilidades tendrás de dar con él y aprender a identificarlo.

No es una rareza porque, de momento, cada año pasa en ambas migraciones por nuestros principales humedales: la foto de cabecera la hice un 14 de abril en Aiguamolls de l’Empordà y la de abajo un 6 de octubre en el Delta del Llobregat. Desde que empecé a pajarear (1997) y hasta 2022, solo lo he visto seis veces en Catalunya, pero es más abundante de lo que aparenta: lo que pasa es que suele andar metido entre el carrizo, donde cuesta de ver. Por si fuera poco, puede confundirse con el carricerín real (Boscarla mostatxuda) que, aun siendo residente, resulta igualmente escaso y ocupa el mismo ecosistema.

Si bien en Catalunya lo vemos casi siempre en carrizales, no está excesivamente ligado a estos y le sirve cualquier vegetación baja de orilla, evitando los árboles, los grandes arbustos y las zonas peladas. Márgenes de canales, marismas, lagunas, ríos… pero también, en ocasiones, cría hasta a medio kilómetro de distancia del agua más próxima en huertos, barbechos, setos, campos de ortigas y matorral.

Como hablamos de un insectívoro, su dieta está dominada por los invertebrados, de los cuales consume una gran variedad, desde arañas a polillas y desde mosquitos a gusanos. Cuando la chicha va escasa, como tantos otros “carnívoros” se resigna a rellenar los huecos del estómago con semillas y otra materia vegetal que, en su menú, nunca supera la categoría de guarnición.

En la península ibérica cría de forma muy escasa y fortuita, con algunas citas en el litoral cantábrico. Por ello es realista afirmar que solo se ve entre finales de febrero y hasta primeros de mayo (paso prenupcial) y entre finales de julio y primeros de noviembre en el paso postnupcial. España constituye una zona de tránsito importante para los reproductores europeos así que, si lo vemos poco, no será porque resulte escaso si no porque los paseriformes del género Acrocephalus son bastante duros de ver cuando están en migración. La cosa cambia en el momento en que los machos buscan territorios y los defienden cantando tanto para atraer pareja como para mantener alejados al resto de competidores. Entonces es mucho más fácil de observar, tal como sucede con el carricero común (Boscarla de canyar) y el carricero tordal (Balquer), que sí que crían en nuestros carrizales. Cuando pasé dos días de mayo en Hortobágy – un gran humedal húngaro – pude ver al menos diez carricerines comunes, algunos subiendo a cantar en lo alto de las cañas.

Su distribución mundial se compone de dos grandes regiones: la zona de cría abarca desde la mitad NO de Francia, Reino Unido, Irlanda y Escandinavia hasta en centro de Rusia y este de Kazajistán. En el entorno mediterráneo solo se reproduce desde Grecia hacia el este. Ocupa tanto la taiga como la tundra siempre que encuentre la cobertura vegetal idónea y suficiente disponibilidad de agua.
Su zona de invernada consiste en la mayor parte del África subsahariana, con la excepción de la punta SO, que implica la mitad de Botswana y de Sudáfrica, así como la mayor parte de Namibia. Su presencia también está limitada en Somalia y Etiopía.

No se le considera globalmente amenazado (preocupación menor). La población ruso/europea se calcula en entre 4.4 y 7.4 millones de parejas, lo que vendría a ser algo más de la mitad de sus efectivos totales. Las mayores concentraciones se dan en el norte y noreste de Europa con poblaciones que exceden de las 2000 parejas en 50 km cuadrados como sucede en Rusia, Finlandia y los estados bálticos. Pero las sequías africanas parecen afectar a su número, sobre todo en el oeste de Europa, aunque seguro que concurren más factores.

Carricerín común (Delta del Llobregat 6-10-2019). Foto de Salva Solé.

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Aves de media y alta montaña, excursión ornitológica al Pirineo de Lleida

02/03 de julio de 2022 Araós-Bonaigua

Actividad recomendada para mayores de 12 años.

La excursión se realizará principalmente por dos zonas muy interesantes para las aves de montaña de Catalunya; el Bosc de Virós (Araós) y el Port de la Bonaigua. Secundariamente, para aprovechar la tarde del sábado, pasearemos por la Mata de Valencia. Esta excursión está pensada para observar especies de media y alta montaña tanto de hábitats forestales como de prados y roquedales de altura. La suma de los tres paseos no excederá los 4 km en total.

El listado de especies-clave incluiría el quebrantahuesos, picamaderos negro, piquituerto común, el bisbita arbóreo, camachuelo común, el verderón serrano, el mirlo-acuático europeo, el mirlo capiblanco, el roquero rojo, el escribano cerillo, el mosquitero papialbo, el alcaudón dorsirrojo y la chova piquigualda. Ninguna de estas aves puede considerarse común y será un éxito si conseguimos ver algo más de la mitad de las que cito aquí. Además, podemos encontrar otras menos escasas como, por ejemplo, el pico picapinos, la lavandera cascadeña, el bisbita alpino, el avión roquero, la alondra totovía, el acentor común, el zorzal charlo, la chova piquirroja y la collalba gris. 

Collalba gris (Oenanthe oenathe) macho

Aunque el guía llevará un telescopio disponible para l@s asistentes, sería bueno contar con un par más de estos aparatos ya que permiten disfrutar de la visión en detalle de las aves lejanas. Los binoculares (uno por persona) se consideran imprescindibles.

Sábado 2 de julio: La actividad ornitológica comenzará en la riera de Rialp; en este torrente buscaremos el mirlo-acuático europeo y la lavandera cascadeña. Luego, se prevé comer, de lo traigamos de casa, en el jardín del alberg-refugi de Arestui sobre las 13,30h. Dejaremos pasar las horas centrales del día; quien quiera, se podrá echar una siestecita o bien caminar por los alrededores del pueblo. A eso de las 17,00h ojearemos las orillas occidentales de la Guingueta d´Aneu; un embalse montano a más de 900 m.s.n.m. Y luego visitaremos la abetosa de la Mata de Valencia. La tarde no es el mejor momento para observar aves y este bosque tampoco es generoso en ellas, pero daremos un paseo agradable en un entorno excepcional. Después regresaremos al albergue donde nos servirán la cena. Como al día siguiente hay que madrugar, se recomienda no acostarse más tarde de las 23,00h.

Zorzal charlo (Turdus viscivorus)

Domingo 3 de julio; Nos levantaremos a las 6,00h. para sentarnos a la mesa (6,30h.) y despachar el desayuno incluido en la estancia. Luego habrá que recoger el equipaje porque ya no regresaremos al albergue. Hoy empezaremos la actividad ornitológica hacia las 7,30h en la pista del Bosc de Virós. Haremos un trayecto a pie por el entorno de las Bordes de Virós y v visitaremos la zona de las Bordes de Buiró donde se alternan el bosque y los prados; en estos enclaves buscaremos el picamaderos negro, el camachuelo común (ambos muy esquivos) el bisbita arbóreo y el mosquitero papialbo. Luego, pista arriba, llegaremos hasta el refugi “Gall Fer” para intentar ver el verderón serrano y el piquituerto común. Desde allí nos dirigiremos a nuestro último objetivo; el Port de la Bonaigua. Ese recorrido consta de tres paradas a diferentes altitudes con un par de paseos por las laderas a la búsqueda de algunas de las aves más valiosas de la salida pero difíciles de hallar; escribano cerillo, alcaudón dorsirrojo, roquero rojo, mirlo capiblanco y chova piquigualda. Terminamos la ascensión en los 2072 m. del Port de la Bonaigua, donde echaremos un último vistazo y, en mesas de picnic, comeremos de lo que, para la ocasión, hayamos traído de casa (o bocata encargado en el albergue).

Calculamos que la actividad ornitológica termine sobre las 15,30h.

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Comida: La cena del sábado y desayuno del domingo están incluidos en el alojamiento, pero las comidas del sábado y del domingo van a cargo de cada cual (fiambrera, bocata, etc…) Llevad también algo de agua o recipiente para rellenar en el albergue.

Meteorología: En el momento de anunciar esta salida es imposible adivinar que tiempo hará; estad pendientes del pronóstico meteorológico y adaptad vuestro atuendo y calzado a las previsiones. La salida solo se suspenderá/aplazará en el caso de que se anuncie muy mal tiempo; fuertes vientos y/o lluvias apocalípticas. Los chubascos dispersos no contarán como mal tiempo pues a menudo incluso son beneficiosos para la observación de aves que, tras ellos, tienden a estar más activas y visibles.

InscripciónEl plazo de inscripción queda abierto con la aparición de este anuncio y se cerrará el lunes 27 de junio a las 20,00h. Hay un máximo de 11 plazas disponibles. El primer paso es enviar un mail a seo-barcelona@seo.org solicitando inscribirse: En contestación a ese e-mail te escribiremos confirmando tu pre-reserva y facilitándote toda la información logística y para asegurarte la plaza.

Por otro lado, para cualquier consulta sobre las aves, el alojamiento o el programa de la actividad, escribe al guía, Salva Solé; ignicapillus@gmail.com 

Codorniz común: quedarnos sin ella en breve

En el año 2003, a la codorniz común se le calculaban entre 320.000 y 435.000 parejas en España. Pero llegado el 2020, en SEO/BirdLife la elegimos ave del año mediante votación popular – junto con l@s soci@s portugueses/as de SPEA – porque ya solo quedaban 225.000 ejemplares. La pérdida de hábitat, la presión cinegética, el cambio climático y la contaminación genética con especies exóticas de suelta, como la codorniz japonesa y sus híbridos, han provocado un declive del 74%. Puesto que cada año se cazan alrededor de un millón de codornices en España, sin la suelta continua y masiva de aves criadas para la matanza deportiva ¡en una sola temporada de caza nos quedaríamos sin!

De punta de pico a punta de cola mide entre 16 y 20 cm. Las hembras tienden a ser, en promedio, una pizca mayores que los machos pero no se puede decir que exista dimorfismo sexual en esta especie.

Se alimenta tanto de semillas diversas como de invertebrados terrestres (escarabajos, hormigas, grillos, saltamontes, arañas, lombrices, orugas, caracoles…) .Así que generalmente se ríe del hambre porque su falta de especialización no desperdicia recursos.

Habita terrenos abiertos con cobertura herbosa que no sobrepase el metro de altura pero evitando los suelos pelados. Eso incluye desde estepas a prados montanos pasando por terrenos agrícolas, sabanas y pastos. En los entornos más secos precisa cursos de agua cercanos. Hay citas de cría hasta los 3000 m de altitud (Buthan).

Antes de que el campo se industrializase fue un ave abundante en toda la península ibérica, con la salvedad de las regiones más húmedas – como el cantábrico – o demasiado áridas, como algunas del litoral levantino. Si nos centramos en Catalunya, vemos que, tras los censos 2015-2018, el ICO le estima un máximo de 6.200 machos y un mínimo de 2.200. Se cuentan machos y no ejemplares o parejas porque solo los machos emiten su característico canto y son detectables de ese modo ya que cuesta mucho verlos (casi siempre se mantienen a cubierto). El grueso de su población catalana resiste en la franja de campos cerealistas que van desde la Plana de Lleida hasta el Empordà. Y todavía es común en algunos valles pirenaicos del Pallars, Alt Urgell, Cerdanya y Ripollès. Donde peor le va es en la mitad sur de Catalunya. Pero parece que el ritmo de desaparición ha disminuido en la última década y media y se acerca a la estabilidad al redistribuirse su población. Por ejemplo, ahora se le ve más que antes por sobre los 2.200 m.s.n.m. Aunque en el hemisferio norte es mayoritariamente una especie estival, presenta poblaciones residentes en el SO de la región mediterránea. En Catalunya solo se la ve entre marzo y septiembre, meses que abarcan la época de cría y ambas migraciones.

Está claro que su área de distribución se está desplazando hacia el norte conforme el sur se desertiza, de ahí que suba más en las montañas. Pero, en Catalunya, la principal amenaza sigue siendo la conversión del cultivo de secano en regadío, fenómeno que se ha dado con especial intensidad en Tarragona y el sur de Lleida. Astutamente, se promociona el regadío cuando las sequías tienden a ser cada vez más graves, largas y frecuentes. Los pesticidas, el adelanto de la siega y la abertura de la media veda de caza a finales de verano son otros factores que la perjudican.

Tiene una fenología compleja y a ello se añaden oscilaciones de abundancia, dos factores que complican mucho su estudio. Por eso, aunque se la considera no amenazada a nivel global, varía enormemente de estatus de conservación dependiendo de la parte del mundo que examines.

A grosso modo se puede describir su tarea de distribución mundial diciendo que se reproduce desde Portugal, Irlanda y sur de Noruega hasta el centro-sur de Rusia y el tercio occidental de Mongolia. Tiene reductos sedentarios desde Marruecos a Túnez, así como en puntos del este y el sur de África (Madagascar incluida), una estrecha franja al sur de los Himalayas y el centro de la india. Es invernante en Egipto y al sur del Sáhara, pero en esa amplia zona también es un reproductor estival, aunque en lugares dispersos. Afganistán, Pakistán y la India conforman otra gran zona de invernada.

Condorniz común. Foto de Salva Solé.

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Buitre negro: éxito de la política de protección

Solo el cóndor andino y los dos mayores albatros (el viajero y el real) superan los 295 cm de envergadura alar que lucen las hembras más desarrolladas de buitre negro. Podemos decir que es un ave que se ríe de la brevedad, lo cual puede constatarse, incluso, en la longitud de este articulo. Pero algunos machos no pasan de los 250 cm de punta a punta de ala: 25 cm menos que los alcanzados por las mayores hembras de buitre leonado (Voltor comú) y también por muchos otros necrófagos.

Siguiendo la moda unisex de los buitres, el negro, tamaño aparte, no presenta dimorfismo sexual. Aunque lo de las patas es chocante: igual pueden ser rosadas que azuladas o amarillentas.

En el año 2017 la península ibérica albergaba 2548 parejas: la más alta concentración de esta especie en Europa. Cabañeros y Monfragüe ostentan la mayor densidad de parejas de España. Desde los primeros censos, llevados acabo en 1973, la población de esta especie se ha multiplicado por siete gracias a las políticas de protección y a la progresiva retirada de los venenos agrícolas y de trampeo. También está presente en Mallorca, donde se libró de la extinción por los pelos.

En Catalunya era considerado accidental, citándose de tarde en tarde ejemplares juveniles que no llegaban a instalarse. Pero en el año 2008, la Fundación Territori i Paisatge financió un proyecto de Jordi Sargatal para introducir este ave en Catalunya. El centro de cría y suelta se construyó en la Serra de Boumort (Pallars Jussà) que, junto al extremo sur del Pallars Sobirá sigue siendo la única zona donde el buitre negro se reproduce en Catalunya. SEO/BirdLife no apoyó esa iniciativa ya que, sin datos históricos de reproducción de buitre negro en Catalunya, no se podía hablar de reintroducción. Y su recuperación en la península ibérica ya era un éxito. El tema causó polémica pero el hecho es que el proyecto logró sus objetivos: actualmente (2022) el censo catalán se cifra en entre 8 y 16 las parejas reproductoras, con pollos de tercera generación y un total de 60 o 70 individuos. En verano cada vez son más frecuentes los juveniles extremeños, franceses e incluso mallorquines que visitan los Pirineos coincidiendo con la presencia estacional de ganado de alta montaña. Parece ser que los adultos sudorientales de la península ibérica son muy sedentarios y rara vez abandonan sus territorios. Pero los jóvenes, expulsados por sus padres al alcanzar edad suficiente, pueden aparecer en cualquier parte ya que nomadean ampliamente antes de encontrar lo que nosotr@s llamaríamos “un lugar en el mundo”.

Es frecuente ver algún que otro buitre negro (joven o adulto) en vertederos como el de Orís (Osona), o Sant Pere de Figols (Pallars Jussà). Tengo un registro de esta especie sobrevolando las Llars Mundet (Barcelona) el 7 de noviembre del 2014. En la foto se podía ver la anilla y eso permitió a los expertos deducir que procedía de las poblaciones francesas. Así que estad atent@s porque puede aparecer en cualquier sitio.

Su hábitat preferente en España es forestal, no rupícola: monta el nido en árboles grandes de bosque mediterráneo: encinas, alcornoques y pinos pero, de hecho, le sirve cualquier árbol que tenga el tamaño y la ubicación adecuada tanto en llanuras (dehesa) como en laderas montanas. Las parejas mallorquinas eligen pinos asomados a acantilados marinos. Como excepción, se han documentado nidos en paredes rocosas e incluso en el suelo.

Su dieta abarca carroña diversa pero también, ocasionalmente, es capaz de capturar presas vivas, aunque solo de pequeño porte: lagartos, serpientes, tortugas e incluso insectos. Un dato sorprendente es que, a despecho de su gran tamaño, a menudo se centra en localizar cadáveres de talla modesta (liebres, zorros, tejones…) perdidos entre los árboles, restos que le pasan desapercibidos al más numeroso buitre leonado, que suele volar a mayor altura y prospectar terrenos más abiertos. Pero, ante una carroña, el tamaño da preferencia al buitre negro a la hora de empezar el festín y su pico, casi el doble de robusto que el de su pariente, le permite abrir pieles más gruesas. Parece que, en España, el 90% de la dieta del buitre negro (fuera de vertederos…) lo constituyen los conejos, liebres y ovejas. En Mongolia aprovecha las plagas que azotan a las marmotas de allí (Marmota bobak) para hacer de ellas su plato preferido. En los Himalayas consume la carne humana que se le ofrece en las plataformas funerarias (bya gtor). Y así, de forma oportunista, en todas partes.

Su distribución mundial se extiende desde Portugal hasta el norte de China y toda Mongolia, llegando en invierno hasta el SO de Corea del Sur. Entre las poblaciones del este de Francia y las del NE de Grecia solo aparece como divagante pero se vuelve más frecuente a partir de Turquía.

Israel, Arabia Saudí, la India y Nepal solo acogen a los invernantes procedentes de más al norte: el Cáucaso, Kirguistán, Tayikistán…

Se le considera casi amenazado y su población mundial está estimada en, como mucho, 10.000 parejas. Y como poco 7.200. BirdLife constató incrementos de su abundancia en España, Portugal y Francia, mientras que parece estable en Grecia y Macedonia pero disminuyendo en Rusia, Turquía, Georgia, Armenia, Azerbaiyán y Ucrania. Se le considera extinto como reproductor en Italia, Eslovenia, Rumania, Moldavia y Chipre.

Buitre negro (Santa Marta de Magasca-Cáceres 12-5-2014). Foto de Salva Solé.

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Éider menor: el poligonero

En el mundo hay cuatro especies de éideres y tres de ellos ya los he presentado en ”Conócelas”, ahora le llega el turno al cuarto. Aunque antaño el éider común visitaba el litoral catalán cada invierno y del éider real hay cuatro citas homologadas en el estado español hasta 2008, del éider menor no hay ninguna. ¿Dónde verlo? Consultando el eBird observarás que, si no quieres arriesgarte a viajar en balde, lo seguro es visitar la península de Varanger (extremo norte de Noruega) en el mes de marzo. De ahí para abajo es una especie invernante escasa en el sur de Escandinavia (Suecia y Finlandia) y rara de narices en cualquier otro lugar. La cita más meridional en Europa es de noviembre de 1989 en Cracovia (Polonia) y la segunda en Graawn (extremo sur de países Bajos) en junio de 1996.

La última cita en Islandia data del año 2012: el éider menor se reiría de los trópicos si no fuese porque posiblemente ignore que existen.

Al igual que el resto de éideres, el diseño del plumaje nupcial del macho (foto de abajo) es, como poco, caprichoso. Las hembras, sin embargo, visten un muy discreto castaño oscuro (foto de cabecera).
De punta de pico a punta de cola mide entre 43 cm (las hembras más pequeñas) y 48 (los machos mas grandes). Eso lo convierte en el más pequeño de sus parientes, detalle que se reflejó en el nombre cuando, hace ya bastantes años, pasó de llamarse éider de Steller a éider menor.

Su ecosistema de reproducción está en la tundra ártica y se trata de lagunas, ríos y charcas. No obstante, siente debilidad por el llamado “suelo poligonal”: una especie de cuadrícula creada por la congelación y descongelación de la tundra que la fusión de la nieve invernal inunda parcialmente. Prefiere estar cerca de la costa pero no es raro que críe a decenas de kilómetros tierra dentro. En invierno frecuenta el mar frente a litorales rocosos bajos entrando en bahías, estuarios y costas donde las aguas tengan menos de 5 metros de profundidad.

Se alimenta en función de la época del año: en verano es insectívoro consumiendo sobre todo dípteros del género Chironomidae y típulas, ambos de aspecto semejante al de los mosquitos. Tienen poca chicha pero son tan abundantes que puede vivir de ellos durante meses. Sin embargo, en invierno se alimenta de invertebrados marinos, mayormente moluscos y crustáceos pero también gusanos poliquetos, estrellas de mar, pequeños peces y caracoles.

Se reproduce en varias secciones septentrionales de Siberia, tocando a la costa, aunque no en las islas árticas rusas. También hay una población en el norte de Alaska, donde tomé las fotos que ilustran este articulillo. En invierno, viaja al norte de Escandinavia, las islas Kuriles (Rusia oriental) y el largo archipiélago de las Aleutianas. Algunos individuos se dispersan más al sur de esas zonas de invernada, como ya he comentado al principio.

La IUCN lo considera vulnerable. Aunque calcula sus efectivos en entre 110.000 y 125.000 ejemplares, ha disminuido sensiblemente en las últimas décadas. Se sospecha del posible envenenamiento por plomo de perdigones en zonas de invernada, la contaminación atmosférica, minera y petrolera del Ártico, la muerte accidental en redes de pesca y el cambio climático. Como se mueve por zonas remotas, es difícil realizar investigaciones exhaustivas tanto en el tiempo como en el espacio y todavía faltan muchos datos al respecto.

 

Macho de éider menor en plumaje nupcial (Utqiaġvik-Alaska 14-6-2008). Foto de Salva Solé.

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Secans de Lleida II, report de la salida

Esta fue la segunda salida primaveral a los secanos de Lleida del año en curso organizada por el Grupo Local para intentar que nadie se pierda la ocasión de disfrutar las aves de estepa y las de terrenos rocoso-arbustivos de baja altitud.

No es un hecho menor que once personas se presenten puntuales en los dos lugares de encuentro a horas tan tempranas (6,20h. en Barcelona, por ejemplo). Esta vez, al igual que el finde pasado – véase su reportaje – empezamos en Claravalls para llevar a cabo un recorrido por los Plans de Sió, animad@s por el buen resultado obtenido en esa zona hace apenas una semana. Y no hubo decepción; al poco rato pudimos ver de cerca un macho de Sisón común que, apegado a su territorio, nos permitió fotografiarlo.

Sisón común (Tetrax tetrax) macho

Tampoco se hicieron de rogar especies tan interesantes como el milano real, el milano negro, la culebrera europea, la calandria común, el abejaruco europeo, la carraca europea y el gorrión chillón.

El paisaje de Plans de Sió no es llano, como en Preixana, sino ondulado. Y los campos de labor han respetado numerosas hileras de encinas y matorral mediterráneo que ofrecen refugio, insectos y lugar de nidificación a muchas aves. Dando vueltas y más vueltas por su red de pistas seguimos observando aves poco comunes; chova piquirroja, alcaraván común, mochuelo europeo, águila, real, alcotán europeo, paloma zurita…

Carraca europea (Coracias garrulus) en vuelo

Eran ya pasadas las 12,00h cuando pusimos rumbo a Aspa. Rodando por la A-2 nos cruzó un macho de Aguilucho cenizo.

En Aspa pudimos comer en la acogedora terraza sombreada del Casal So de Nostre donde dejamos pasar un buen rato. A las 15,20h. empezamos la tarde cocinándonos un poquito al sol poco más allá de El Cogul, frente al centro de interpretación de sus pinturas rupestres. El roquedal de esta zona se mostró inusualmente desierto pero allí se oyeron bastantes paseriformes, escondidos en la densa vegetación que acompaña al riu Set. No obstante, continuando pista adelante por ese vallecito, sacamos primero la collalba negra, luego el roquero solitario, después la cogujada montesina e incluso un papamoscas gris.

La primera collalba rubia la vimos en tránsito hacia el área de Mas de Melons. Poco más tarde, repasando su carretera asfaltada, pudimos anotar otras dos especies valiosas; alcaudón real y tórtola europea. Además, repetimos el aguilucho cenizo.  

Ya rodando por la pista hacia Mas de Matxerri, pillamos un grupo migratorio compuesto por, al menos, doce collabas grises de ambos sexos.

Al llegar al árido enclave del Mas de Matxerri nos quedaban pocas especies-clave por encontrar pero aun así nos voló un macho de Cernícalo primilla y, de propina, un inesperado ejemplar juvenil de águila perdicera. 

Águila perdicera (Aquila fasciata) juvenil en vuelo

Más content@s que unas pascuas, posamos para foto de grupo de rigor.

Asistentes a la salida

Regresamos a Aspa y allí mismo, cuando pasaban de las 19,00h, tod@s nos despedimos de tod@s tras una jornada larga y completa a la que solo le restaba el tramo más pesado; el retorno a casa.

Poco más abajo os dejamos los enlaces para descargar el listado de la las aves vistas en la salida. Puede que alguna de las que alguien oyó se me haya pasado por alto. Y posiblemente nadie vio todas las que – en algún momento – hicieron breve aparición. Pero teniendo en cuenta que solo hay dos especies acuáticas (ánade azulón y gallineta común) en un listado de 67 especies, pienso que hicimos una buena labor. Y como siempre, más de un@ y más de tres regresaron con bimbos en el zurrón y un buen recuerdo.

Aquí los enlaces en PDF y Excel al listado de aves observadas:

Listado Estepes de Lleida 7 mayo 2022

Listado Estepes de Lleida 7 mayo 2022

© Salva Solé para todas las fotos.

Fumarel común: de común bien poco

Para cuando yo me puse en serio con esto del pajareo (1997), el verdadero fumarel común ya era el cariblanco (Fumarell carablanc): si alguna vez fue el común el que más se veía, me perdí esa época. Actualmente casi me cuesta lo mismo ver un fumarel común que un aliblanco (Fumarell alablanc), que siempre se consideró escaso. Así que el Chlidonias niger de común tiene bien poco.

En Catalunya, y no siempre con éxito, puede verse en el Estany d’Ivars, Delta de l’Ebre y, todavía menos, en Aiguamolls de l’Empordà. Como hablamos de una especie estrictamente migratoria, solo cabe esperarla en primavera y finales de verano (pasos prenupcial y postnupcial). En la península ibérica se reproduce en muy pocas zonas, básicamente en las marismas del Guadalquivir pero, afectadas por la gestión destructiva de los responsables de su conservación, en los últimos años, esa colonia no supera las 40 parejas (datos de SEO/BirdLife). Para Europa se le calculan unas 25.000.

De punta de pico a punta de cola, el fumarel común mide entre 23 y 28 cm, con una envergadura alar máxima de 65 cm. Se le considera el único charrán que presenta algún rasgo de dimorfismo sexual ya que las hembras son levemente menos oscuras que los machos, con el color negro puro de la cabeza restringido al píleo (coronilla). Pero creo que se ríe de ello porque la diferencia es taaan sutil que la mayoría de guías, incluida la Svensson, la obvian. En plumajes intermedios y de eclipse, hay que estudiar para distinguirlo del fumarel aliblanco.

A la hora de criar necesita aguas dulces someras con vegetación emergente tales como prados inundados, márgenes de lagos y, ocasionalmente, arrozales. Además, las extensiones de humedal apto han de ser grandes, lo cual reduce mucho sus opciones en una Europa que se ha cargado la mayor parte de ese hábitat. Le gusta nidificar entre gaviotas reidoras (Gavina vulgar) ya que esa especie, al defender agresivamente a sus crías, de rebote protege a las del fumarel, quien no es molestia para ella.

En paso busca el mismo tipo de ecosistemas que para la reproducción, pero es menos selectivo. Curiosamente, se torna mayoritariamente marino durante el invierno, al igual que los ejemplares no reproductores durante el verano. Suele quedarse a unos 30 km de la costa, a veces menos, pero se le ha encontrado hasta a 3500 km del litoral más cercano.

En época de cría se alimenta de invertebrados diversos, pequeños, peces, caracoles, renacuajos y ranas, adaptándose, dentro de ese menú, a lo que haya disponible en cada lugar. Cuando hace vida marítima consume básicamente peces pequeños y todos los insectos que pueda encontrar (el viento los lleva mar adentro).

Su distribución mundial abarca, en temporada de cría, los estados del norte de EEUU y del sur de Canadá, el centro y el este de Europa, sobre todo desde el norte de Alemania hacia el este con la esquina SO de Rusia y Kazajistán como mayores territorios. Hay unas pocas localidades de cría en el sur de Suecia y de Finlandia, pero no más al norte. Como ya se ha dicho, en España su reproducción es muy escasa y tampoco tiene mucho éxito en Francia. Ausente de Reino Unido e Irlanda. En invierno, hay una población poco marinera que prefiere instalarse en el sur de Egipto y norte de Sudán, pero la mayoría va a parar a lo largo de toda la costa atlántica de África desde Senegal hasta el NO de Sudáfrica. Paralelamente, en las Américas pasa el invierno en la costa pacífica de Centroamérica y, desde allí, en los litorales que van, por un lado, hasta el sur de Perú y por el otro hasta las Guayanas y punta norte de Brasil (costa atlántica).

Fumarel común en eclipse (Delta de l’Ebre 31-8-2019). Foto de Salva Solé.

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Polluela bastarda: entre marzo y abril

Dos artículos atrás, hablando del andarríos bastardo (Valona) ya reflexioné que el apellido de su nombre en castellano, en casos como ese, debería cambiarse para dejar de insultar a especies que no se lo merecen. Pero sucede que, si bien en cuanto a tamaño, la polluela bastarda está a medio camino entre la pintoja (Polla pintada) y la chica (Rasclet), presenta un claro dimorfismo sexual, rasgo poco usual en los rallidos, que no cuadra bien con ser solo “la mediana” entre las otras dos. Me preocupa que los nombres de las aves sean acertados porque, resulten más o menos poéticos (que también importa) lo suyo sería que tuviesen cierto respaldo científico. La bastarda, como bastantes otras aves, se ríe de lo mal que las denominamos.

De punta de pico a punta de cola mide entre 18 y 20 cm. Ilustro la hembra en la foto de cabecera, donde se aprecia que solo presenta color gris por detrás del ojo, y un poco por debajo del mismo, mientras que el macho (foto de abajo) tiene casi toda la cabeza de ese color (salvo el píleo y la nuca) así como el cuello, el pecho y la mayor parte del vientre.

Es de esas aves duras de hallar, prácticamente imposible si no sabes ni dónde ni cuando buscarlas. Resulta que en Estanys l’Europa (Aiguamolls de l’Empordà) está el mejor observatorio de España para ver esta especie tan escasa: el Rascletons. Pero no basta con sentarse allí y echarle horas: eso lo has de hacer entre la segunda semana de marzo y la segunda de abril. Mi registro más temprano de esta especie lo tengo en el Delta de l’Ebre (recordemos que, en primavera, viene desde el sur) un 22 de febrero. Y el más tardío, un 8 de mayo. Pero de los 15 avistamientos que constan en mi archivo (a fecha de febrero del 2022) 12 de ellos los hice entre la segunda semana de marzo y la segunda de abril. Y 13 de ellos en Aiguamolls de l’Empordà de los cuales 8 desde el observatorio Rascletons.

Aunque pasa largos ratos dentro de la vegetación densa, no es particularmente tímida y, si se siente segura, pasea por zonas relativamente abiertas.

SEO/BirdLife la considera la más escasa de la tres polluelas (en España) y la que menos registros de cría tiene. Pero, en Catalunya, la más difícil de ver es la chica. Y la más numerosa, la pintoja, aunque es raro que cualquiera de ellas se reproduzca en nuestro territorio. Para colmo de males, todavía escasean mucho más en el paso postnupcial, así que las mejores posibilidades de detectarlas se dan en primavera.

La polluela bastarda cría en humedales esteparios, generalmente en terrenos bajos pero puntualmente hasta los 2000 m.s.n.m. Necesita abundante vegetación tanto emergente como en las orillas, mejor aun si hay plantas muertas flotantes sobre las que caminar. También le gustan los arrozales. Pero, en migración, mientras tenga algo de vegetación, puede aparecer en cualquier humedal, incluidos los precarios.

Se alimenta principalmente de insectos y sus larvas, es especial ditiscos (hydrophilos), chinches (hemípteros), crisopas (neurópteros) y moscas (dípteros).

Su población no se ha podido estudiar a fondo debido a lo difícil que es censarla. BirdLife calcula entre 35.000 y 140.000 parejas reproductoras con sus mayores densidades en el este de Europa. Pero su área de distribución estival se extiende desde unos escasos puntos en la mitad oriental de Francia hasta el este de China. Y ocupa el SO de Rusia. En invierno se concentra sobre todo en Pakistán y el sur de Irán. También en el tramo egipcio del Nilo y en unas pocas y pequeñas ubicaciones de Senegal, Niger, Uganda, Kenia, Yemen y Omán.

Polluela bastarda (Aiguamolls de l’Empordà 24-3-2013). Foto de Salva Solé.

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Curruca mirlona occidental: la mayor de todas las nuestras

Hace tiempo que la antigua Sylvia hortensis se dividió en dos especies: la curruca mirlona occidental (ahora Curruca hortensis) y la curruca mirlona oriental (Curruca crassirostris). Se parecen un montón pero están separadas por el Mar Adriático ya que en Italia solo se ve la occidental y en la otra orilla, la oriental, cuya área de distribución estival se extiende – sin entrar en detalles – desde el sur de Eslovenia hasta el oeste de Pakistán. Ambas se ríen de los hijos únicos porque se puede decir que son hermanas.

Junto con la tomillera, la zarcera y la mosquitera, la mirlona occidental es de las currucas más difíciles de observar en Catalunya, aunque no escasea ya que el Atlas del ICO del 2018 le calcula una población de entre 15.000 y 28.000 parejas. Sin embargo, sus hábitos escondedizos la hacen poco menos que invisible, así que el oído es fundamental para detectarla. Al igual que la mitad de currucas que vemos en Catalunya, la mirlona occidental es un migrante transahariano: llega en abril y se marcha en septiembre, después de criar. Se instala en ecosistemas secos, soleados y semiabiertos, con altos matorrales y/o algunos árboles, preferentemente por debajo de los 800 m.s.n.m. pero llegando hasta los 1600. Parece que, en Catalunya, se ha ido expandiendo durante los últimos quince años, conquistando los pre pirineos de Lleida, quizás debido a que el cambio climático los hace menos fríos. No obstante, ha desaparecido de la franja litoral y prelitoral con la excepción del Cap de Creus (que es donde yo la veo de tanto en tanto) y la mitad norte del Alt Empordà.

La península ibérica es su principal zona de reproducción a nivel mundial, con entre 100.000 y 200.000 parejas estimadas para el conjunto del estado español, que suponen casi la mitad de toda la población mundial.

De punta de pico a punta de cola mide sus buenos 15 cm y eso la convierte en la mayor de todas nuestras currucas, pasándole 5 mms a la mosquitera (Tallarol gros). Los machos tienen la cabeza oscura al igual que la curruca cabecinegra (Tallarol capnegre) pero no hay confusión posible porque su ojo es muy claro (no rojo) con el iris casi blanco. La hembra tiene la cabeza gris oscuro y el ojo amarillo pálido. Por eso, el ejemplar que se asoma en la foto de cabecera es un macho adulto y el de la foto de abajo, probablemente, un macho inmaduro. Su canto resulta distintivo respecto al de otras currucas, aunque sus reclamos de contacto lo son mucho menos.

La curruca mirlona occidental se alimenta de artrópodos, en especial insectos y sus larvas. Le pirran los mas grandes como las mantis, los saltamontes y las mariposas. Fuera de la estación de cría completa su dieta con bayas y frutillas.

La región donde se reproduce está circunscrita a los países de la mitad occidental del mediterráneo, incluido Portugal y, como muy al este, el NE de Libia. Tiene por límite meridional el sur de Marruecos (Tarfaya). Está ausente de las Canarias y de las islas mediterráneas. Por el norte se estira hasta el centro-este de Francia. Pero si hablamos de la zona de invernada, la encontramos en una relativamente estrecha franja geográfica que va desde Senegal hasta casi el este de Chad. Se la considera globalmente no amenazada.

Curruca mirlona occidental (Gorafe – Granada 30-5-2012). Foto de Salva Solé.

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Andarríos bastardo: pide a gritos cambio de nombre

Desde mi nula autoridad científica y lingüística, opino que algunos de los nombres populares que SEO/BirdLife, en su día, aceptó como oficiales, hace tiempo que piden a gritos una mejora. El caso de este ave es muy ilustrativo: si pretendemos dar a entender que, entre el andarríos chico (Xivitona) y el andarríos grande (Xivita) se sitúa una especie aparentemente intermedia, por respeto hacia los seres inocentes, su apellido debería ser “mediano” y no bastardo. “Mixto” implicaría hibridación e “intermedio” resulta demasiado largo.

He aquí una limícola que se ríe de los grandes armarios roperos ya que su variación de plumaje es muy modesta, aunque curiosa: se torna más dorarito (foto de cabecera) en plumaje de eclipse y pierde color (foto de abajo) en plumaje nupcial. Las pintas oscuras del pecho se le difuminan fuera de la época reproductora pero con la ceja pasa al revés: se hace más nítida. De punta de pico a punta de cola mide entre 19 y 23 cm. Aunque la hembra tiende a ser, en promedio, algo mayor que el macho y adquiere el plumaje nupcial más temprano, no la contaría como especie con dimorfismo sexual.

El andarríos bastardo es fácil de ver durante ambas migraciones, e incluso localmente abundante. Como a menudo lo encontraremos junto a algún otros andarríos, podremos aprender a identificarlo, guía en mano, por comparación directa. A pesar de que la población reproductora europea se calcula en entre 340.000 y 1.200.000 parejas, no existen datos de cría en Catalunya ni en el resto de la península ibérica. Y como invernante es muy escaso.

El mejor humedal para observarlo en Catalunya es el Delta de l’Ebre, seguido de cerca por Aiguamolls de l’Empordà. También lo hallaremos en el Delta del Llobregat e incluso en el Estany d’Ivars cuando sus niveles de agua son adecuados.

En época de cría habita turberas, pantanos abiertos en bosques boreales, zonas de matorral en la interfaz entre tundra y taiga, brezales encharcados y marismas con arbustos caducifolios. Sin embargo, en migración y durante el invierno ya le viene bien cualquier lámina de agua, sea arrozal segado o creciendo brotado, charca, marisma, orillas fangosas de canales y pastos inundados. Suele evitar el agua salobre.

Su dieta consiste en pequeños invertebrados acuáticos y terrestres: insectos y sus larvas, gusanos, arañas, crustáceos, moluscos… También peces de no más de 2 cm de largo, renacuajos e incluso ranas pequeñas. A veces ingiere algunas semillas.

Su área de distribución mundial está dividida entre las zonas de cría boreales y las de invernada. Se reproduce desde Escocia, la República Checa, norte de Kazajistán y de Mongolia hacia el norte hasta el alcanzar – y adentrarse localmente – en el círculo polar ártico. Por el este llega a la península de Kamchatka. Pasa el invierno, como muy al norte, en el Delta de l’Ebre y algunos humedales litorales mediterráneos de la mitad sur de España, NO de Marruecos, Argelia, Túnez y Egipto. Pero el grueso de su invernada abarca todo el África subsahariana, puntos meridionales de la península arábiga, el valle del Nilo desde su desembocadura, Pakistán, la India y el sureste asiático, llegando hasta Papua Nueva Guinea e incluso Australia.

Andarríos bastardo en plumaje nupcial (Delta de l’Ebre 6-4-2019). Foto de Salva Solé.

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