A veces veo aves… en los parques

Hace ya algún tiempo, paseando por uno de los parques del barrio, pensé que sería interesante hacer un seguimiento periódico de las aves que lo habitan.

Al principio creí que lo mejor sería hacerlo por estaciones meteorológicas, pero al final pensé que sería mejor por meses.

Ya ha pasado todo un año (¡y qué año!), periodo suficientemente amplio como para dar a conocer el resultado de mis “investigaciones”.

Mi trabajo de campo se ha desarrollado en dos parques del distrito de Nou Barris, el Parc de la Guineueta y el Parc Central de Nou Barris. Estos dos parques están relativamente cerca del P.N. Serra de Collserola (menos de  5 Km hasta su núcleo, unos cientos de metros hasta alguno de sus accesos). Esta cercanía posibilita que muchas especies que viven en la sierra utilicen los parques como corredores biológicos.

Antes de entrar a ver el resultado, quiero dar cuatro pinceladas relacionadas con los hábitats citados.

 

PARC DE LA GUINEUETA

Es uno de los parques que en la segunda mitad del siglo XX se crearon en Barcelona para dotar de espacios verdes a los polígonos de viviendas que se habían ido construyendo. Fue inaugurado en 1971 y tiene una extensión de 3 ha.

Su vegetación es muy variada: si entramos por la entrada principal (Jardins de Llucmajor), llama la atención un grupo palmeras washingtonias, también destacan el pino carrasco, la falsa acacia, la yuca, la jacaranda, el árbol del amor, la pata de vaca, el pimentero falso, la palmera datilera, el cedro del Himalaya, el almez, el pino piñonero, el platanero, el olivo y un jinjolero

En el parque hay un área muy interesante para poder observar las aves, el estanque, los arboles que lo rodean y la pradera.

Parc de la Guineueta. Foto de Javier Ruiz.

Parc de la Guineueta. Foto de Javier Ruiz.

 

PARC CENTRAL DE NOU BARRIS

El Parc Central se inauguró en 1999, tiene 17 Ha (es el segundo parque más extenso de Barcelona después de la Ciutadella).

Tiene más de mil árboles de 49 especies diferentes, así como un palmeral único en la ciudad: 157 palmeras de 27 especies distintas. También es destacable una pradera que cuenta con numerosos olivos y otra donde hay pinos australianos que tienen unas semilla muy apreciadas por las aves.

Parc Central de Nou Barris. Foto de Javier Ruiz.

Parc Central de Nou Barris. Foto de Javier Ruiz.

Ahora vayamos al meollo de la cuestión: En estos doce meses he contabilizado 50 especies de aves, 16 de ellas las podemos considerar como el núcleo estable (apareciendo todos los meses):

 

MESES E F M A M J J A S O N D
ABUBILLA si si si si si si si si si
AGATEADOR COMÚN si si si si si si si
AÑADE REAL si
ARATINGA DE CABEZA AZUL si
AVIÓN COMÚN si si si si si
CARBONERO COMÚN si si si si si si si si si
CARBONERO GARRAPINOS si si si si si si
CERNÍCALO COMÚN si si si
COLIRROJO TIZÓN si si si si si si si
CORMORÁN COMÚN si
COTORRA ARGENTINA si si si si si si si si si si si si
COTORRA DE KRAMER si si si si si
CURRUCA CABECINEGRA si si si si si si si si si si si si
CURRUCA CAPIROTADA si
ESTORNINO NEGRO si si si
ESTORNINO PINTO si si si si si si si si si si si si
GARZA REAL si
GAVILÁN si
GAVIOTA PATIAMARILLA si si si si si si si si si si si si
GOLONDRINA COMÚN si si si si si
GORRIÓN COMÚN si si si si si si si si si si si si
GORRIÓN MOLINERO si
GRAJILLA si
HERRERILLO COMÚN si si si si si si si si si si
HERRERILLO CAPUCHINO si si si si si si
JILGUERO EUROPEO si si si si si si si si si si si si
JILGUERO LUGANO si si si
LAVANDERA BLANCA si si si si si si si si si si si si
LAVANDERA CASCADEÑA si si si si si
MIRLO si si si si si si si si si si si si
MITO si si si si si si si si
MOSQUITERO BILISTADO si
MOSQUITERO MUSICAL si
MOSQUITERO COMÚN si si si si si
PALOMA DOMESTICA si si si si si si si si si si si si
PALOMA TORCAZ si si si si si si si si si si si si
PAPAMOSCAS CERROJILLO si
PERIQUITO COMÚN si
PETIRROJO EUROPEO si si si si si si si si si si si si
PICO DE CORAL si
PINZÓN COMÚN si si si si
REYEZUELO LISTADO si si si
SERÍN VERDECILLO si si si si si si si si si si si si
TÓRTOLA TURCA si si si si si si si si si si si si
URRACA si si si si si si si si si si si si
VENCEJO COMÚN si si si si si
VENCEJO REAL si si si si si si
VERDERÓN COMÚN si si
ZORZAL COMÚN si

Otras tienen una presencia ocasional, como el zorzal, pico de coral, grajilla, etc.

Algunas solo las he visto en vuelo: cormorán, garza real, gavilán; otras escapadas, como el periquito.

A pesar de que hay estanques y algunos de buen tamaño, sólo he detectado la presencia de ánades reales y exclusivamente en el mes de mayo.

La presencia de páridos es bastante completa: se pueden ver con relativa facilidad todas las especies habituales en la península (a excepción del carbonero palustre). Además, ha habido signos más que evidentes de reproducción de carboneros y mitos (ejemplares acarreando materiales para hacer nidos y a finales de mayo localizados varios juveniles).

Herrerillo común. Foto de Javier Ruiz.

Herrerillo común. Foto de Javier Ruiz.

 

Los fringílidos están representados por cinco especies, siendo la más destacada la del jilguero lúgano. También hay verderones y pinzones. En cuanto a su reproducción he podido observar ejemplares juveniles de jilguero europeo a finales de mayo y varios nidos de serín verdecillo.

Desde mi punto de vista, es destacable la presencia de abubillas de marzo a diciembre, habiéndose reproducido (localizado nido y observadas visitas aportando comida en primavera).

Abubilla. Foto de Javier Ruiz.

Abubilla. Foto de Javier Ruiz.

 

El Parc Central de Nou Barris se convirtió en el mes de noviembre en un lugar de atracción ornitológica al constatarse la presencia de un ejemplar de mosquitero bilistado (este ejemplar permaneció unos 15 días y siempre en la misma zona).

Es muy fácil que algunas especies no las haya podido localizar aunque su presencia es bastante probable, como la lavandera boyera o el arrendajo.  Otra cosa que me ha llamado la atención es no haber visto posada ninguna ardeida (la garza real era en vuelo) ni una garcilla bueyera, ni una garceta común.

En el gráfico a continuación se indica el número de especies (eje vertical) por meses (eje orizantal). Como veréis el máximo se dio en el mes de mayo con 31 y en los meses de noviembre y diciembre con 28 (los datos de marzo están distorsionados a causa del confinamiento por el COVID-19).

Avistamiento del número de especies de aves a lo largo de los meses.

 

En pleno invierno, enero y febrero, el número de ejemplares disminuyó notablemente (de momento este año 2021 está pasando lo mismo). Después de estas visitas continuadas, he llegado a la curiosa conclusión de que las aves, sobre todos los paseriformes de pequeño tamaño, si hace frío no madrugan.

La especie que cuenta con mayor número de ejemplares es evidentemente la paloma doméstica, seguida por la cotorra argentina, luego, y a considerable distancia, estarían los gorriones comunes, las urracas, las lavanderas blancas y las tórtolas turcas.

En verano la presencia de vencejos, aviones y golondrinas comunes es muy importante, lo mismo que en invierno la de estorninos pintos, mosquiteros, petirrojos y colirrojos.

En momentos puntuales se producen irrupciones de aves en un número estimable pero por corto tiempo; el caso más interesante en este periodo de observación, fue el de los jilgueros lúganos: pude contar hasta 14 ejemplares en una zona muy concreta, pero su presencia solo duró dos días.

Al tratarse de dos parques urbanos situados en zonas de elevadísima densidad humana y con importantes infraestructuras en sus alrededores, considero que la cantidad de especies es altamente interesante.

Por ejemplo, en el Parc del Laberint d’Horta (no muy alejado de los citados) el número de especies censadas es de unas 60  y mantiene una masa forestal y un nivel de aislamiento muy superior.

Estas observaciones han sido incluidas en el programa de seguimiento de SEO/Birdlife “Sacin Urbano”.

Y para terminar, una consideración personal desde la pasión ornitológica:

Para observar aves no se necesita ser científico ni estudiar ninguna ciencia afín al medio ambiente, solo se necesitan ganas.

Aves y poesía: Capítulo 7

Romance de Doña Alda (fragmento)

Anónimo (c. 1500)

……….

Un sueño soñé, doncellas,

que me ha dado gran pesar;

que me veía en un monte

en un desierto lugar:

do so los montes muy altos

un azor vide volar,

tras d’él viene una aguililla

que lo ahínca muy mal,

el azor con grande cuita,

metióse so mi brial;

el águila con grande ira

de allí lo iba a sacar.

Con las uñas lo despluma,

con el pico lo deshaz.

……….

Desata el capirote y las pigüelas (fragmento)

Lope de Vega (1562 – 1635)

 

Soneto 193

Desata el capirote y las pigüelas,

águila de Filipo soberano,

verá el antiguo y nuevo mundo hispano

que al sol te acercas y a su lado vuelas.

El aire dejen, cuando el aire impelas,

el pardo azor, belígero otomano,

y aquel sacre o sacrílego cristiano

que tiembla ya de que su nombre celas.

……….

 

Sé Más Feliz Que Yo (fragmento)

Padre Juan Arolas (1805–1849)

Zorzal común. Foto de Javier Ruiz.

Zorzal común. Foto de Javier Ruiz.

 

……….

Se asemeja tu voz en la plegaria

Al canto del zorzal de indiano suelo

Que sobre la pagoda solitaria

Los himnos de la tarde suspiró:

Yo sólo esta oración dirijo al cielo:

Sé más feliz que yo.

………..

Rima LIII (fragmento)

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

Golondrina común. Foto de Javier Ruiz.

Golondrina común. Foto de Javier Ruiz.

……….

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

……….

 

Vega en Calma

Emilio Prados (1899-1962)

Cielo gris.

Suelo rojo…

De un olivo a otro

vuela el tordo.

(En la tarde hay un sapo

de ceniza y de oro).

Suelo gris.

Cielo rojo…

Quedó la luna enredada

en el olivar.

 

Vientos Del Pueblo Me Llevan (fragmento)

Miguel Hernández (1910-1942)

……….

No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas

y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta.

……….

Los bueyes mueren vestidos

de humildad y olor de cuadra:

las águilas, los leones

y los toros de arrogancia,

y detrás de ellos, el cielo

ni se enturbia ni se acaba.

……….

Cantando espero a la muerte,

que hay ruiseñores que cantan

encima de los fusiles

y en medio de las batallas.

Aves y Poesía – Capítulo 6

CAPÍTULO 6

 

Romance del Conde Arnaldos (fragmento)

Anónimo (c. 1500)

 

……….

Con un falcón en la mano

la caza iba a cazar,

vio venir una galera

que a tierra quiere llegar.

……….

 

 

Romance de Angélica y Medoro (fragmento)

Luis de Góngora (1561–1627)

 

……….

¡Qué de nudos le está dando

A un áspid la envidia torpe,

Contando de las palomas

Los arrullos gemidores!

……….

Tórtolas enamoradas

Son sus roncos atambores.

Y los volantes de Venus

Sus bien seguidos pendones.

……….

Los campos les dan alfombras,

Los árboles pabellones,

La apacible fuente sueño,

Música los ruiseñores.

……….

 

 

ROMANCES HISTÓRICOS: Una Antigualla De Sevilla (fragmento)

Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865)

 

……….

Dice un sayón al alcalde:

«Ya está en jaula la lechuza,

y si aún a cantar se niega,

yo haré que cante o que cruja.»

……….

 

 

Restitución (fragmento)

Federico Balart Elgueta (1831–1905)

 

……….

Águila que levantas el corvo vuelo

Por el azul espacio que cubre el cielo;

Golondrina que emigras cuando el Octubre,

Con sus pálidas hojas el suelo cubre,

Y al amor de tu nido tornas ligera

Cuando esparce sus flores la primavera;…

……….

Solitaria ensenada, restinga ignota

Donde oculta su nido la gaviota;

Olas embravecidas que pone a raya

Con sus rubias arenas la corva playa;…

……….

 

 

Ánade.

Salvador De Madariaga (1886-1979)

 

Ánade níveo que arañando el yelo

Terso con uña y ala, del constante

Instante vas cortando el anhelante,

Movido pecho con tu sesgo vuelo,

……….

 

Ánade azulón. Foto de Javier Ruiz.

Ánade azulón. Foto de Javier Ruiz.

 

 

Presentación A Los Pájaros (fragmento)

Luis Felipe Vivanco (1907-1975)

 

……….

¡cortejadla, mis pájaros, y amadla!

¡Mi ruiseñor, y mi mirlo, y oropéndola!

¡Mi urraca que a saltitos desmenuzas

tu fama de usurera!

¡Mis golondrinas de hace un año, dentro

del viejo portalón con sus macetas!

¡Mis huéspedes celestes, tan asiduos

Cantores, tan cerca,

……….

Tú, ruiseñor, el trino entreverado

de magnolia y estrella.

Y tú, mirlo, tus silbos casi azules.

Tú, urraca, tu cascada voz de tierra.

Vosotras, golondrinas, vuestra albórbola

cotidiana y obrera.

Tú, oropéndola, el eco espejeante

de un interior sonoro de colmena.

……….

 

Urraca. Foto de Javier Ruiz.

Urraca. Foto de Javier Ruiz.

Paseos por África – MADAGASCAR

CAPÍTULO V – MADAGASCAR

La idea de conocer este país surgió como consecuencia de la lectura de un libro de Gerald Durrell “Rescate en Madagascar”. En principio la intención era viajar en 2009, pero un inoportuno golpe de estado me obligo a aplazarlo al año siguiente.

Madagascar es la cuarta isla por extensión del mundo con 587.000 km2 que está habitada por 24,4 millones de habitantes que pertenecen a 18 etnias diferentes. Ocupa el lugar 162 de 189 en el índice de desarrollo de la ONU: es extremadamente pobre y se nota desde el momento en que pisas el país.

Por otro lado es unos de los países con mayor biodiversidad del planeta con 200.000 especies de seres vivos de las que el 80% son únicas en el mundo.

En el aspecto ornitológico su avifauna no es muy abundante, 309 especies pero de esas 108 son endémicas (pude ver unas 60). Me hice, no sin dificultad, con una guía “Birds of Madagascar” la única que encontré y que resulto ser una porquería (en lugar de dibujos, fotos y además malas).

Y ya la búsqueda de la naturaleza, el primer contacto fue en el Parque de Andasibe – Mantandia. Es una selva tropical exuberante con un elevado índice de humedad. Enseguida me di cuenta que, tanto la observación como la fotografía iban a ser muy difíciles: a los inconvenientes antes citados había que añadir la falta de luz y lo intrincado del terreno…

Aquí vi las primeras aves, la tórtola malgache, el cua azul, el cua frentirojo… Pero la estrella de este parque es el lemur indri, el más grande de los que sobreviven en la actualidad. Antes de verlos fui consciente de su presencia: emiten un grito sobrecogedor que se oye a mucha distancia. De cerca parecen “animalitos de peluche”. También observé las evoluciones del sifaka diademado al que sus saltos de más de 6 metros para desplazarse por los árboles le convierten en el trapecista de la selva.

Lemur indri – Fotografía de Javier Ruiz

Además pude observar varias especies de camaleones, en Madagascar viven el 50% de los camaleones del mundo, como el camaleón pantera, de parsons, verrugoso, etc.

Luego estuve en el P.N. de Ranomafana. Es un ejemplo típico bosque nuboso. ¡Y tan nuboso! ¡Llovió todos los días!, pero esto no fue impedimento para ver bastantes especies de aves como: el búho, el cucal, la lavandera, el shama, de todos estos su primer apellido es malgache. También algunos reptiles, además de los ya citados camaleones, varias especies de Gecko y la Boa de Madagascar.

Camaleón verrugoso – Fotografía Javier Ruiz

Para entrar en todos los parques nacionales, hay que pagar y además contratar un guía autorizado, en Ranomafana uno de los guías comentó que era muy interesante hacer un “safari” nocturno por las carreteras que rodean el parque. Y ahí me tenéis, acercándome a un mercadillo para comprar una linterna, y notar una sensación bastante particular por eso de ser el único extranjero que pululaba por allí.

Y al caer una noche que no llovió, salí armado de la linterna y de la cámara y… ¡jopé! ¡aquello parecía las Ramblas! Pero la experiencia fue muy interesante: camaleones diminutos, ranitas que cabían en una caja de cerillas, insectos extrañísimos y, de repente, percibí una agitación especial; me acerqué a la zona de los agitados y allí estaba el lemur ratón marrón, un animalito de 12 cm (cola incluida) y que pesa 50 gr. Pude verlo perfectamente pero imposible de fotografiar, se movía demasiado rápido para los ISO de mi cámara.

De camino hacia el sur hice una parada en la reserva de Anja, un lugar especial destinado, además de a la conservación de la naturaleza, a proporcionar un medio de vida a la población local.

Me habían dicho que aquí era muy fácil ver al lémur cata o lémur de cola anillada y tenían razón, eran muy descarados y algunos se dedicaban a jugar con los visitantes; a mi me pasaron varias veces entre las piernas.

Lemur cata – Fotografía Javier Ruiz

Y la siguiente parada fue en el P.N. de Isalo. Este parque tiene más de 80.000 Ha. con una gran diversidad de hábitats: desde barrancos llenos de vegetación y pequeños lagos rodeados por la selva, hasta paisajes que recordaban a la sabana africana y zonas semi-desérticas. El parque estaba rodeado de incendios “controlados” uno de los mayores peligros para la conservación de la biodiversidad de Madagascar: conseguir carbón vegetal y aprovechar la tierra para pastos.

Pude observar una interesante cantidad de aves: Los cernícalos de aldabra y malgache, el drongo malgache, el martín pigmeo malgache, el roquero de Sharpe (muy abundante y descarado en las zonas húmedas) y también una especie parecida a nuestro buitrón pero con un nombre muy gracioso: el jiji común. Me llamó poderosamente la atención la gran cantidad de milanos negros que sobrevolaban este parque.

Cernícalo de Aldabra – Fotografía de Javier Ruiz

Y después a la zona de Toliara. Monté mis reales en Ifaty, un pueblo de pescadores, que además es una zona bastantes turística y desde allí me dediqué a explorar el bosque espinoso (hábitat catalogado como “en peligro critico”)

Ifaty - Fotografía de Javier Ruiz

Ifaty – Fotografía de Javier Ruiz

Una de estas visitas la realicé a una reserva, la de Reniala que estaba muy cerca. Vinieron a buscarme el guía y el conductor del vehículo que me llevaría hasta allí: un carro tirado por dos bueyes.

Llegué a la reserva y les indiqué qué aves me gustaría ver. ¡Ok! fue su respuesta y enseguida vi, palomas azules, loros negros, varios cuas como el corredor, el pechirrojo o el crestado, suimangas piquilargos, fodis rojo y un montón de especies más. Al final y cuando ya había perdido toda esperanza uno de los guías se metió entre un montón de arbustos espinosos y al poco rato apareció la deseada carraca terrestre rabilarga.

Carraca terrestre rabilarga – Fotografía de Javier Ruiz

Su amabilidad y ganas de complacer chocaba frontalmente con el concepto de conservación, en el camino de vuelta pude ver un tenrec erizo menor y lo vi simplemente porque lo sacaron de su madriguera para enseñarlo.

Madagascar da para mucho más (di una charla en la Universidad de Barcelona, para el Grupo Local de dos horas y me quedé corto). No he mencionado nada de su flora, pero de las 9 especies de baobab que existen, 6 están allí. Tampoco he hablado de los importantísimos problemas medioambientales que están ocasionando la pérdida de su biodiversidad

Y sobre todo no he hecho ninguna mención a sus habitantes. Sólo quiero recalcar su gran amabilidad, visité mercados, tomé cervezas con los guías, paseé por algunas ciudades, presencié algunas de sus tradiciones más importantes como el famadihana (buscarlo en Google que es muy largo de explicar). En resumen: es el lugar más increíble que he conocido.

Bulbul negro – Fotografía Javier Ruiz

Paseos por África – BOTSWANA

CAPÍTULO IV –  BOTSWANA

Julio de 2008. Después de pasear por diversos aeropuertos del mundo, aterricé en Botswana. Otra vez estaba en África y sólo había pasado un año desde la última vez.

Botswana es un país de 580.000 km2 habitado por solo 2,3 millones de habitantes, está muy poco poblado, pero hay que considerar que el 70% de su territorio corresponde al desierto del Kalahari.

Como en otras ocasiones, dada la poca disponibilidad de tiempo había que eliminar destinos. Sólo hice una pequeña incursión en el desierto. Tendría que conformarme con leer el libro de Laurens Van Der Post “El mundo perdido del Kalahari”.

La ruta empezó en la zona de Tsodilo, paraje solitario formado por cuatro colinas que emergen en el desierto. Este territorio, estuvo habitado por bosquimanos que dejaron su huella con unas 4.500 pinturas rupestres, algunas con más 25.000 años de antigüedad (no iba a poder ver a los bosquimanos pero por lo menos conocería parte de su cultura).

Desde aquí nos dirigimos a la Zona norte del delta del Okawango, río de 1.600 km que nace en Angola y desemboca en el desierto desgajándose hasta desaparecer por un laberinto de canales, lagunas e islas a lo largo y ancho de unos 22.000 km2.

Carraca lila – Fotografía de Javier Ruiz

Comenzamos a explorarlo a bordo de una lancha y de inmediato, las aves empezaron a hacer acto de presencia: aninga africana, pigargos vocilgleros, abejarucos frentiblancos, martín pescador pigmeo, garcitas azuladas, etc. También aparecieron animalitos tales como hipopótamos y hermosos cocodrilos.

Hipopótamo – Fotografía de Javier Ruiz

Después de la navegación llegamos a nuestro primer destino y nos tocaba cargar equipajes, comida, etc. en los mokoros (especie de canoa plana impulsada por sus conductores con una larga pértiga que apoyan en el fondo del rio). Nuestro destino era una pequeña isla en medio del Okawango donde pasaríamos varios días.

Turdoide de jardine – Fotografía Javier Ruiz

Navegamos por canales muy estrechos, entre papiros de más de 2 metros de altura. El ambiente era sofocante, pero el exceso de adrenalina nos impedía amodorrarnos: sabíamos que en cualquier momento podía hacer acto de presencia un martín pescador gigante, una jacana, un pigargo o un grupo de elefantes.

Pigargo vocinglero – Fotografía de Javier Ruiz

Ver atardecer en medio del delta es una de las experiencias más espectacular que he podido disfrutar.

También fueron inolvidables las noches pasadas en la isla: ser consciente de que entre la fauna del lugar y tú sólo tenías como protección la lona de una tienda de campaña, proporcionaba una sensación especial; dormir con el arrullo de los hipopótamos y el rugido de los leones era algo “diferente”.

Anhinga africana – Fotografía Javier Ruiz

En una de esas noches viví un encuentro especial. De madrugada tuve una necesidad  fisiológica y me vi obligado a salir fuera de la tienda, eso sí, provisto de un frontal para no tropezar. Cuando acababa de comenzar vi dos puntos brillantes no muy lejos de donde yo estaba, me fijé bien y me di cuenta que eran unos ojos que me miraban y que eran de una hiena. Aguanté el tipo (lo otro ya no era posible aguantarlo), y al cabo de unos segundos salió corriendo asustada; supongo que fue incapaz de identificar qué tipo de animal era ese que estaba de pie inmóvil y que tenía un solo ojo, una especie de Polifemo iluminado.

Hice algunos safaris a pie, acompañados de guías expertos pero desarmados. Al principio tenía algo como de miedito pero se me pasó, lo que me permitió ver la fauna desde una perspectiva diferente y aquí tuve la suerte de observar el vuelo de un águila volatinera, cruzar la mirada con un búho africano, y ver un bando de miles y miles de queleas comunes que cambiaron el color de una arboleda cercana.

Turaco unicolor – Fotografía de Javier Ruiz

Nuestra estancia en el norte del delta había terminado y teníamos que desplazarnos hasta Maun para continuar el recorrido. La distancia no llega a los 500 km pero el viaje duraba 7 horas, si todo iba bien por lo que, para ahorrar tiempo, que no dinero, el traslado se hizo en avioneta. Como el día era muy bueno y el piloto muy enrollado voló a muy baja altura. La vista era espectacular, un exposición al aire libre, una demostración de que ninguna obra del hombre puede acercarse a la belleza de la naturaleza.

Estornino africano azulado – Fotografía Javier Ruiz

Y llegamos a Maun, nada que reseñar; bueno, miento: dormimos en un hotel y eché de menos la compañía nocturna de las hienas, pero agradecí eso que llamamos ducha.

Desde aquí reiniciamos nuestro viaje hasta el P.N. Chobe. Algunas paradas por el camino, más acampadas libres; leones, leopardos, elefantes, búfalos, jirafas que nos alegraban el trayecto y las aves que hacían acto de presencia por cualquier lado, estorninos, pintadas, avutardas, calaos, etc.

Azulito angoleño – Fotografía de Javier Ruiz

Antes de llegar al Parque ya había conseguido lo que se llama “The big 5 bird” esto es ver la avutarda de Kori, el jabirú, el búho africano, el calao terrestre y el águila Marcial.

Jabirú africano – Fotografía Javier Ruiz

Y por fin el P.N. del Chobe. El rio Chobe tiene 1.500 km de longitud, nace en Angola y es uno de los principales afluentes del Zambeze. En sus orillas viven miles de animales: aquí el elefante cuenta con una población superior a 100.000 individuos, pero sobre todo destaca la avifauna. La mejor manera de observarla y fotografiarla era desde una pequeña embarcación, aunque era difícil mantener la concentración por que la cantidad de aves era enorme: Entre ellas la garza Goliat, el marabú, el pico tenaza, martines pescadores como el pio, malaquita, y el gigante africano, ibis sagrados, alcaravanes acuáticos, lavanderas del cabo, gaviotas cabecigrises, rayadores africanos, y demás.

Martín pescador pío – Fotografía Javier Ruiz

La estancia en Botswana tocaba a su fin, y crucé la cercana frontera para pasar a Zambia y poder cumplir el deseo de acercarme a Mosi-oa-Tunya (“el humo que truena”): las Cataratas Victoria. Este impresionante salto de agua del río Zambeze fue descubierto para occidente en 1855 por David Livingstone,  que tiene erigida una estatua en el Centro de Interpretación.

Cataratas Victoria – Fotografía aérea de Javier Ruiz

Un ruido ensordecedor avisa de la presencia de las cataratas: la humedad que invade el lugar te acaba calando hasta los huesos, pero el espectáculo es indescriptible. Por eso me decidí a verlas desde el aire, total la ruina económica ya era completa y un gasto más no se iba a notar.

Y con esto se acaba el cuarto paseo africano; sólo queda uno para acabar la serie.

  Monumento a Livingstone – En la foto, Javier Ruiz

PASEOS POR ÁFRICA – NAMIBIA

CAPÍTULO III – NAMIBIA

Tuvieron que pasar 16 años para que volviesen los paseos por África.

En 2007, el destino para este reencuentro fue Namibia. Y para dar más autenticidad al viaje, en esta ocasión decidimos huir de hoteles y similares para alojamos en tiendas de campaña. Tomé prestada la mochila que utilizaba mi hijo para ir de colonias y ¡a la aventura!

Ya era aficionado la ornitología y llevaba un tiempo preparando el viaje; me compré una guía “Birds of Southern Africa” y estuve varios meses estudiándola para familiarizarme con la avifauna namibia: 687 especies con 2 endemismos me esperaban.

Este joven país, que obtuvo su independencia en 1990, antes había sido colonia Alemana y posteriormente fue invadido por Sudáfrica. Tiene una extensión de más de 824000 km2 y tiene solo 2,1 millones de habitantes.

Drongo ahorquillado - Fotografía Javier Ruiz

Drongo ahorquillado – Fotografía Javier Ruiz

Empezamos por la zona norte de país, la región del Kaokoland.

El primer campamento estaba vacío de humanos, pero habitado por una colonia de babuinos a los que no les hizo ninguna gracia nuestra llegada. Tenía unas instalaciones sorprendentes como una bañera al aire libre situada cerca de un acantilado con una vista impresionante; de no haber sido porque por las noches hacía muchísimo frío igual me hubiera animado a tomar un bañito bajo las estrellas.

Como este campamento estaba vallado y no existía peligro de ataque por parte de los grandes felinos podía andar a mi aire y empezar a buscar aves. Rápidamente empecé a ver tocos (uno de mis objetivos era el Toco de Damara especie endémica pero falló), estorninos, tejedores, abejarucos, y tuve el primer contacto con la carraca lila.

En esta zona, el Kaokoland, viven los himbas una tribu de pastores seminómadas. Os contaré una anécdota a propósito de ellos: En algunas de las carreteras de Namibia y cerca de núcleos de población, hay supermercados que nada tienen que envidiar a los nuestros. Paramos en uno de ellos para aprovisionarnos y de repente aparecieron dos mujeres himbas vestidas de forma tradicional (solo una faldita de cuero) empujando sendos carritos y haciendo la compra, la imagen era algo anacrónica. No hice ninguna foto (me lo tengo totalmente prohibido).

Después de esto, hacia Ethosa (otro de los lugares soñados). Este parque nacional de 22.000 km2 está totalmente influido por el régimen de lluvias; yo estuve a primeros de septiembre que es el final de la estación seca, casi todo el parque estaba agostado y cubierto de polvo, solo quedaban con agua algunas charcas, que nos permitieron ver en poco espacio de tiempo gran cantidad de animales que iban a beber, desde manadas de elefantes hasta grupos de oryxs , algún que otro león e incluso leopardos, todos a la vez pero guardando una prudente distancia de seguridad.

En cuanto avifauna, la presencia de avestruces era constante, también las avutardas (kori y de Namibia), sisones (moñudo austral y negro aliclaro), gangas (bicinta y namaqual),  buitres (orejudo, cabeciblanco, del Cabo, dorsiblanco) y muchas más.

Avutarda de Kori - Fotografía de Javier Ruiz

Avutarda de Kori – Fotografía de Javier Ruiz

Los campamentos de Ethosa también estaban vallados por lo tanto podía buscar en  las zonas arboladas paseriformes como estorninos (brillante de ojos rojos, violeta, brillante de burchell, de alas rojas) o tórtolas (senegalesa, rabilarga, del cabo) y recuerdo dos especies que me llamaron poderosamente la atención: el pájaro ratón dorsiblanco y el azulito angoleño. Una precisión: estaban vallados pero la valla no debía ser muy tupida por que por allí merodeaban mangostas, rateles y algún que otro chacal.

Nos dirigimos hacia la Costa de los Esqueletos (en un tramo de la costa occidental). Se suponía que de camino deberíamos ver una importante zona húmeda habitada por miles de flamencos comunes, pero ni rastro, la sequía había acabado con esta maravilla. Como alternativa fuimos a Cape Cross, allí existe una impresionante colonia de Leones marinos que puede contar con más de 100.000 ejemplares; su presencia se percibía antes por el olfato que por la vista. Además de leones marinos merodeaban por allí, a la espera de descubrir alguna presa, varios chacales.

Y por fin, el desierto de Namib. Este desierto tiene una extensión de más de 80000 km2 y está considerado como el más viejo del mundo, unos 65 millones de años.

Acampamos en una zona llamada Sesriem que es la entrada al corazón del desierto Sossusvlei, y lo de entrada es literal: hay una puerta de acceso que se abre en cuanto empieza a amanecer.

Hay que recorrer unos 70 km hasta llegar al destino final, el salar de Sossuslevei. El camino está jalonado por montones de dunas de color rojo; algunas superan los 300 m de altura y tienen nombres, como la fotogénica «Duna 45«. El paisaje es espectacular, inolvidable… se agotan los adjetivos.

Duna 45 - Fotografía de Javier Ruiz

Duna 45 – Fotografía de Javier Ruiz

En ese camino se pueden observar oryx y springbok; no hay grandes mamíferos. Aunque existen pequeñas zonas de vegetación, la falta de agua hace muy difícil la vida: solo hay 180 especies de aves. Algunas de ellas se dejaron ver como el avestruz, azor lagartijero, cuervo pío, alcotán turunti (varias parejas muy juguetonas) o alondras (pero ni rastro de la deseada alondra de las dunas).

Azor lagartijero - Fotografía de Javier Ruiz

Azor lagartijero – Fotografía de Javier RuizAlcotán turunti - Fotografia de Javier Ruiz

Alcotán turunti – Fotografia de Javier RuizA la vuelta de una de las incursiones al salar tuvimos una idea, aprovechando una bolsa de plástico hicimos un bebedero y lo llenamos de agua: al poco tiempo montones de estrildas cabrecirrojas acudieron a beber con desesperación, ¿cuántos días llevarían privados de agua?

Estrildas cabecirrojas - Fotografía de Javier Ruiz

Estrildas cabecirrojas – Fotografía de Javier Ruiz

Y del desierto a casa, pasando por el aeropuerto. El tercer paseo acabó, pero el recuerdo y el polvo rojo del desierto permanecieron durante bastante tiempo.

Duna - Fotografía de Javier Ruiz

Duna – Fotografía de Javier Ruiz

PASEOS POR ÁFRICA – TANZANIA

CAPÍTULO II – TANZANIA

¡Y tanto que volví! Al año siguiente el destino fue Tanzania; yo esperaba que no fuese un lugar tan “turístico” y acerté. Hasta el año 1985 había estado gobernando Julius Nyerere, uno de los ideólogos del llamado marxismo africano. Los lodges eran escasísimos en el Serengeti y además muy sencillos. La luz de la habitación apenas daba para encender una bombilla y a las diez se apagaba; yo en esa época hacía videos y para cargar las baterías tenía que dar propina a algún camarero para que las enchufara en la cocina.

Por temas presupuestarios y de tiempo, solo visité el norte del país, empezando por el Lago Manyara que es famoso por los leones que viven en los alrededores y que se suben a los árboles huyendo de la mosca Tsé-tsé.

León. Fotografía Javier Ruiz

León. Fotografía Javier Ruiz

El lago estaba poblado por multitud de aves: pelícanos, flamencos, tántalos, gansos del Nilo, suirís cariblancos, varios pigargos vocingleros y sobre todo llamó mi atención una de las aves más raras que he visto: El ave martillo (Scopus umbretta), que construye los nidos de mayor tamaño entre las especies de aves actuales, pueden llegar a los 2 metros de diámetro y pesar 50 kilogramos. Consiste en una estructura abovedada con una cámara hueca que comunica al exterior a través de un túnel de hasta 60 centímetros de longitud.

Desde aquí nos acercamos al lago Natron,  lugar algo fantasmagórico pues sus aguas están teñidas de rojo por la proliferación de algas. Además hay una gran cantidad sales minerales, que hacen que sea un lugar poco apto para la vida, solo una especie de pez (Alcolapia alcalica) y centenares de miles de flamencos enanos lo habitan.

Y después ¡el Serengeti! Por fin iba a conocer unos de mis lugares míticos.

Los inmensos mares de hierba (su olor lo invadía todo) salpicados por las acacias, constituían un paisaje no por conocido menos deseado. Miles de animales pastaban tranquilamente en esa sabana, cebras, antílopes, gacelas, ñus… aunque la continua presencia de depredadores interrumpía de vez en cuando esta situación.

Impala. Fotografía Javier Ruiz

Impala. Fotografía Javier Ruiz

Al cabo de unos días recorriendo el parque, aparecieron en el lodge una pareja de ingleses, que parecían sacados de la época colonial, para hacernos una propuesta: ¿Queréis hacer un safari en globo? Acababan de llegar de Inglaterra, estaban iniciando el negocio y el precio era baratísimo. Al final vencí mis miedos y me atreví.

La experiencia fue impresionante e inolvidable. El vuelo duro más de dos horas, allí abajo manadas de animales huían despavoridos pues los quemadores del globo hacen un ruido ensordecedor. Cuando llegamos a la altura prevista los apagaron y entonces se pudo disfrutar aún más del espectáculo. Un águila cafre volaba por debajo de nosotros y la pude filmar mientras atravesaba la sombra que el globo proyectaba sobre la tierra. ¡Qué bonito! He vuelto a ver el video y, el tiempo no perdona, se han difuminado los colores y las imágenes están muy deterioradas.

Sabana. Fotografía Javier Ruiz

Sabana. Fotografía Javier Ruiz

De camino al Ngorongoro decidimos acercarnos a la garganta de Olduvai para ver la tierra de nuestros ancestros. Nuestro guía–conductor, un experto mecánico de Mitsubishi, metió la pata (o mejor dicho la rueda) en una trampa de arena y ahí nos quedamos. Menos mal que yo tenía experiencia en este tipo de problemas (el Trabucador enseña muchas cosas) y sabía cómo resolverlo. Retiramos toneladas de arena, empujamos el trasto y, por fin, salió. Mientras descansábamos del titánico esfuerzo realizado, en unas zarzas que había muy cerca, un precioso barbudo cabecirrojo nos miraba asombrado.

El cráter de Ngorongoro se formó cuando un volcán gigantesco explotó y colapsó hace dos o tres millones de años. La caldera es un enorme cuenco con paredes de más de 600 metros de altura, cubiertas de bosques, más un suelo llano y fértil de unos 260 km2 de extensión. Este particular mundo natural se organiza en varios ecosistemas –bosques, sabanas, lagos, pantanos y charcas saladas, tierras áridas…–, encajados en un área que no supera los 20 km de diámetro.

En estos 260 km2 (2,6 veces la superficie de la ciudad de Barcelona) viven más de 25.000 grandes mamíferos y más de 600 especies de aves. En este auténtico Arca de Noé pude ver al cada vez más escaso rinoceronte negro.

Leopardo. Fotografía Javier Ruiz

Leopardo. Fotografía Javier Ruiz

Acercarse al lago Magadi para observar el desfile constante de animales que van a beber de sus aguas, desde cebras a leones, con un impresionante telón de fondo rosado proporcionado por miles de flamencos, es fascinante.

Hipopótamo. Fotografía Javier Ruiz

Hipopótamo. Fotografía Javier Ruiz

Bajo un pequeño bosquecillo de acacias se reúnen a la hora de comer todos los 4×4 que están en el interior del parque; el consejo de los conductores es que el picnic se coma en el interior de los vehículos. Volando en círculos sobre esas acacias decenas de milanos negros esperan que algún turista despistado les proporciones una suculenta pieza en forma de bocata.

Después de comer salí a estirar las piernas, me dijeron que no era peligroso, había una charca y decidí darle un rodeo. Eso mismo debió pensar un enorme búfalo africano que apareció de repente. Me paré y estuve pensando qué hacer: seguir o darme la vuelta disimuladamente. Esta fue la opción elegida, mis nulos conocimientos de la tauromaquia me aconsejaron prudencia.

Y aquí acaba el paseo por Tanzania. El Serengueti y el Ngorongoro  ya se habían materializado, pero el deseo de regresar a África apareció en el mismo momento en que el avión inició el despegue.

PASEOS POR ÁFRICA – KENYA

INTRODUCCIÓN

No sabía qué título ponerle a estos relatos y, como no tenía muchas ganas de pensar, hice un repaso entre los libros de viaje que tengo y apareció uno, escrito en 1987 por Alberto Moravia, “Passeggiate africane” (el título en italiano es en honor a Sara) y me pareció que era el más apropiado para lo que quería contar.

Recuerdo que cuando era un niño mis padres me llevaron en varias ocasiones a la “Casa de Fieras” y yo me quedaba embobado mirando los leones, los elefantes, los mandriles. Si a esto le unimos la lectura de libros como “Tarzán de los Monos”, “Las minas del rey Salomón” o “Cinco semanas en globo”, en mi imaginación se formó una idea de África como un lugar misterioso, lleno de aventuras y de emociones.

Fotografía Javier Ruiz

Al cabo de unos años, cuando ya tuvimos tele, empecé a ver en los reportajes de la 2. El Serengeti, el cráter del Ngorongoro, el delta del Okavango, Ethosa. Esos lugares, que yo había imaginado unos años antes, se volvieron “reales”.

¿Podría visitarlos alguna vez? Eso se convirtió en uno de mis sueños.

Y de esto trata “Paseos por África”. Cinco paseos por cinco países africanos: Kenya, Tanzania, Namibia, Botswana y Madagascar.


CAPÍTULO I – KENYA

 

Fotografía Javier Ruiz

Y los sueños en ocasiones se convierten en realidad. En 1990 hice mi primera incursión en África oriental y el lugar elegido fue Kenya, que parecía el país más preparado para recibir a un turista inexperto y algo temeroso.

Se inició la ruta en el P.N. Amboselli. El Kilimanjaro, con sus casi 6.000 m de altura y su cumbre nevada, dominaba el paisaje. Aquí empezó la observación de los primeros ñus, que fueron fotografiados con ansiedad; los elefantes pastando en algo similar a un oasis y, cómo atracción especial, la persecución a toda velocidad desde los jeeps, de una pareja de rinocerontes blancos (lo que me hizo pensar que las normas de conservación no eran muy estrictas).

Recuerdo haber pasado una noche en vela en The Ark, observando cómo, a un charco cercano acudían a beber multitud animales: antílopes, elefantes y rinocerontes; también pude observar el acecho de un leopardo, algo inútil como cazador por cierto, porque a mí me pareció que tenía la presa muy fácil y falló. Supongo que yo hubiera sido una pieza mucho más asequible para el felino.

Fotografía Javier Ruiz

Recuerdo también las inmensas llanuras de Masai Mara repletas de gacelas, impalas, cebras y sobre todo ñus. Aquí viví una de esas experiencias casi místicas que ya os conté en otro artículo: el encuentro entre un águila cafre y una cría de impala. Y además descubrí una nueva sensación: cuando el jeep cogía velocidad, levantarme, aguantar como fuese el equilibrio y sacar la cabeza por el techo abierto del vehículo para disfrutar del aire en la cara y del olor a hierba. Y también del polvo del camino, no todo iba a ser perfecto.

O la excursión por el lago Naivasha, a bordo de una barca de madera equipada con un motor parecido al de una batidora, pero a cuyo cargo estaba un experimentado piloto capaz de esquivar a todos los hipopótamos que nos salían al paso.

Llegamos a una isla y allí desembarcamos y nos dejaron a nuestro aire, asegurando que no nos iba a comer nadie. Nuestro placentero paseo fue interrumpido en varias ocasiones por fuertes estruendos producidos por manadas de cebras, jirafas y gacelas que pasaban galopando a nuestro lado como si no estuviésemos allí. Y el lago repleto de pelícanos rosados, flamencos enanos, cormoranes pigmeos, etc.

Fotografía Javier Ruiz

Al atardecer regresamos al alojamiento y, curiosamente, no se veía a nadie; el vigilante nos dijo que un hipopótamo había salido del agua y andaba por allí dándose una vuelta. Una persuasión monetaria convenció al guarda y me llevó a la zona donde el bicho pastaba tranquilamente: el hipopótamo ni se inmuto. Yo pensé que notaría mi presencia por los latidos de mi corazón (solo nos separaban dos metros) pero debía ser algo sordo.

Fotografía Javier Ruiz

Mi etapa keniata fue increíble, pero me supo a poco, y me hice el firme propósito de volver a África.

Nota del autor: La calidad de las fotografías que ilustran este artículo, es bastante baja pero se debe tener en cuenta que en el año 1990 no existía la fotografía digital, por lo tanto son fotos analógicas de hace 30 años que posteriormente se han escaneado.

Fotografía Javier Ruiz

Fotografía Javier Ruiz

Fotografía Javier Ruiz

Aves y poesía – Capítulo 5

En el capítulo de esta semana, ÚLTIMO DE LA PRIMERA TEMPORADA, la Edad Media nos vuelve a traer aves de cetrería y el siglo XVIII, ruiseñores. También palomas, alondras, águilas; Juan Ramón Jiménez nos habla del verderón, con el nombre popular con que se le conoce en algunas zonas de Andalucía y Alberti nos ofrece un poema en el que echamos de menos la música.

 

CAPÍTULO 5

Romance de Blanca-Niña (fragmento)

Anónimo (c. 1500)

……….

—Dormilda, señor, dormilda,

desarmado sin temor

que el conde es ido a la caza

a los montes de León.

—Rabia le mate los perros,

y águilas el su halcón,

y del monte hasta su casa

a él le arrastre el morón.

……….

Águila calva – Fotografía Javier Ruiz

Epístola Moral (fragmento)

Atribuido a Andrés Fernández de Andrada (1575–1648)

……….

Más precia el ruiseñor su pobre nido

De pluma y leves pajas, más sus quejas

En el bosque repuesto y escondido.

……….

Oda XI. A un Ruiseñor (fragmento)

Juan Meléndez Valdés (1754-1817)

 

¡Con qué alegres cantares,

oh ruiseñor, celebras

tu dicha y de tu amada

el tierno afán recreas!

Ella del blando nido

te responde halagüeña

con piadas suaves

y se angustia si cesas.

……….

El Estío (fragmento)

José Selgas (1822–1882)

……….

Por la alta cumbre del collado asoma

La blanca aurora su rosada frente,

Reparte perlas y recoge aroma;

Se abre la flor que su mirada siente;

Repite los arrullos la paloma

Bajo las ramas del laurel naciente;

Y allá por los tendidos olivares

Se escuchan melancólicos cantares.

Del aura dócil al impulso blando

La rubia mies en la llanura ondea;

Del dulce nido alrededor volando

La alondra gira y de placer gorjea;…

……….

Desde el peñón de la desierta roca

Lanzase audaz el águila salvaje;

El seco vientecillo que sofoca

Cubre de polvo el pálido follaje;…

……….

Y el eco de su voz, dulce al oído

Más que el tierno arrullar de la paloma,

Por el monte y el valle repetido,

Tristes, confusas vibraciones toma;…

………

Verde Verderol (fragmento)

Juan Ramón Jiménez (1881-1956)

Verderón común – Fotografía Javier Ruiz

 

……….

Verde verderol*

¡endulza la puesta del sol!

Palacio de encanto,

el pinar tardío

arrulla con llanto

la huida del río.

Allí el nido umbrío

tiene el verderol.

Verde verderol

¡endulza la puesta del sol!

……….

*Verderol = Verderón

Se Equivocó La Paloma

Rafael Alberti (1902-1999)

Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte fue al sur,

creyó que el trigo era el agua.

Creyó que el mar era el cielo

que la noche la mañana.

Que las estrellas rocío,

que la calor la nevada.

Que tu falda era tu blusa,

que tu corazón su casa.

(Ella se durmió en la orilla,

tú en la cumbre de una rama.)

Paloma doméstica – Fotografía Javier Ruiz

Aves y Poesía – Capítulo 4

Esta semana, un romance anónimo del siglo XIV nos recuerda las tórtolas y el ruiseñor, que también aparece en otros varios poemas de los que traemos hoy. El águila y el mirlo vienen del siglo XVIII y Alberti, nos va hablar cariñosamente de la cigüeña.

 

CAPÍTULO 4

Romance de Fontefrida (fragmento)

Anónimo (c. 1500)

Tórtola europea. Foto Javier Ruiz

……….

Fontefrida, Fontefrida,

Fontefrida y con amor,

do todas las avecicas

van tomar consolación,

si no es la tortolica

que está viuda y con dolor.

Por allí fuera a pasar

el traidor del ruiseñor:

las palabras que le dice

llenas son de traición:

—Si tú quisieses, señora,

yo sería tu servidor.

……….

Canción (fragmento)

Gaspar Gil Polo (1530–1591)

……….

¿Qué pasatiempo mejor

Orilla el mar puede hallarse

Que escuchar el ruiseñor,

Coger la olorosa flor

Y en clara fuente lavarse?

…………

La Primavera (Tonadilla pastoril) (fragmento)

Tomás de Iriarte (1750-1791)

Ya alegra la campiña

la fresca primavera;

el bosque y la pradera

renuevan su verdor.

Con silbo de las ramas

los árboles vecinos

acompañan los trinos

del dulce ruiseñor.

……….

Epístola (fragmento)

Ventura Ruiz Aguilera (1820–1881)

……….

en las cumbres salvajes, donde anida

el águila que pone junto al cielo

su mansión de huracanes combatida,

……….

Mirlo Fiel (fragmento)

Juan Ramón Jiménez (1881-1956)

 

Mirlo común. Foto Javier Ruiz

 

Cuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día

vuelve, y silba su amor, embriagado,

meciendo su inquietud en fresco de oro,

nos abre, negro, con su rojo pico,

carbón vivificado por su ascua,

un alma de valores armoniosos

mayor que todo nuestro ser.

……….

Nana De La Cigüeña

Rafael Alberti (1902-1999)

Que no me digan a mí

que el canto de la cigüeña

no es bueno para dormir.

Si la cigüeñita canta

arriba en el campanario,

que no me digan a mí

que no es del cielo su canto.

 

Cigüeña blanca. Foto Javier Ruiz