Pinzón real: irrumpiendo en la península

Si en invierno os hartáis de buscar agachadizas chicas entre agachadizas comunes, podéis dedicaros a buscar pinzones reales entre los pinzones vulgares ¡la diversión del/la ornitólog@ no tiene fin!

Cada año llegan a Catalunya – y resto de la península ibérica – los ejemplares más viajeros de pinzón real. La cantidad depende mucho de cómo venga la nieve y el frío en el centro y el norte de Europa. Hay años en que se citan pocos mientras que en otros aparecen un poco por todas partes.

Quizás hayas oído hablar de un fenómeno fenológico llamado “irrupción”: esa palabreja define las migraciones más o menos masivas de aves (y otros seres vivos) que se producen a causa de condiciones climáticas adversas sean, por ejemplo, inviernos feroces o sequías excesivas. Se le aplica a cualquier especie (migratoria o no) que se sale de sus zonas habituales y/o se concentra en número excepcional en enclaves concretos. Pues bien, lo que tenemos habitualmente en la península ibérica no son irrupciones de pinzón real si no la invernada de los que se desplazan más al sur mientras el grueso de su población permanece en el centro de Europa, sobre todo en Francia. Pero durante el invierno del 2010 – 2011 cosa de millón y medio de pinzones reales establecieron su dormidero en una arboleda de Barazar (Vizcaya, Euskadi) al pie del monte Gorbeia. La nieve no solo había cubierto toda Francia, desde los Pirineos hacia el norte, si no que persistía. Eso obligó a los pinzones reales, que se alimentan en el suelo, a irse hacia el sur formando bandos cada vez mayores que se fueron juntando. Y resultó que el hayedo de Gorbeia había tenido un buen año de hayucos (fruto del haya que, al secarse, en otoño brinda semillas) lo que determinó que allí encontrasen comida en abundancia. Sara Sánchez y yo teníamos prevista una visita invernal a Euskadi así que, cuando nos enteramos de este acontecimiento, al igual que much@s otr@s pajarer@s, peregrinamos a Barazar sabiendo que nunca más tendríamos la ocasión de ver semejante espectáculo. Cada día, en el crepúsculo, llegaban con fragor de alas y trinos y cada mañana se levantaban como la niebla de entre los cipreses y se dispersaban en un radio de decenas de kilómetros para alimentarse. La foto de cabecera muestra un detalle captado en aquel lugar y fecha. ¡Aquello sí que fue una irrupción por todo lo alto! De ese modo, un ave que yo no solía ver todos los años (y siempre en muy escasa cantidad) se convirtió en una de las que más ejemplares he visto, compitiendo con el estornino vulgar, que forma inmensos bandos invernales en el Alt Empordà, fenómeno mucho más habitual.

El pinzón real es una especie euroasiática que, en época de cría, se distribuye desde Escandinavia hasta la península de Kamchatka (Siberia oriental) ocupando zonas forestales de la taiga donde predominan árboles caducifolios, aunque también, en menor medida, habita pinares. Se adentra en el ecotono entre la taiga y la tundra, allí donde resisten los abedules y los sauces enanos. Más al sur, también gusta de los bosques de alisos a lo largo de cauces fluviales. En invierno es bastante generalista y se conforma con cualquier bosque o arboleda, mejor aun si limita con zonas abiertas, sean pastos o sembrados. En esa época también abarca, de forma discontinua, un amplio territorio; desde Irlanda y el NO de Marruecos hasta el este de China, Japón y norte de Filipinas (Luzon). Yo lo he encontrado en las afueras agrícolas de Preixana, Fogueroles, Sant Jaume d’Enveja y Olot. También en Corea del Sur, todas esas citas en invierno. En verano tomé la foto de abajo (Finlandia). Con mucha frecuencia se suma a bandos de otros fringílidos: pinzones vulgares (Pinsà comú), verderones (Verdum), jilgueros europeos (Cadernera)

Si te fijas bien, incluso las hembras son relativamente fáciles de diferenciar de sus parientas. La librea contrastada del macho, aun en plumaje de eclipse, resulta inconfundible. De punta de pico a punta de cola mide entre 13 y 16,5 cm.

Puesto a la mesa, se pide sobre todo semillas y bayas variadas: desde los frutos del enebro a los cereales pasando por manzanas, ajenjo, pamplina, olivas, tréboles… El consumo de invertebrados es más propio de la temporada de cría (primavera/verano) pero también se ha detectado un menú amplio: moscas, tijeretas, chinches, hormigas, arañas, libélulas, caracoles… Con una dieta tan amplía – y la capacidad de largarse a lugares mejores cuando escasea la comida – es de esas especies que se ríen del hambre y no se le considera amenazado (por ahora).

Macho de pinzón real en plumaje nupcial (Oulanka – Finlandia 3-7-2007). Foto de Salva Solé.

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Salvador Solé

Ornitólogo, fotógrafo, viajero y articulista. Socio de SEO/BirdLife desde 2002, colabora con el Grupo Local SEO Barcelona desde su fundación en 2010 y desde el mismo imparte cursos y charlas, también es guía de excursiones ornitológicas divulgativas.

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